Sin
útero
Desde
que abandonaste lo corporal
y me quedé sin útero
me acerco hasta aquí para ganar el tiempo.
Ha
salido el sol en el parque que antaño fuera camposanto
cuando, de improviso, un instante de paz llega sigiloso
y se acoda a mi lado;
bien pudiera tener un nombre,
tender puentes,
consolidar horizontes:
volar.
Toda
esta paz que ahora se convoca
podría tener su cátedra,
podría tener su jardín,
podría ser una república o un tributo a lo que se añora.
El cielo, ahora sin mácula,
que siempre marcha en su estatismo hacia la eternidad;
el aire, apenas perceptible;
los pequeños insectos que fulguran y que se apresuran
mientras las aves se enredan, ajenas,
a lo que un rumor sostiene entre las manos.
Toda
esa paz en suspensión daría yo,
en este instante,
por verte de nuevo,
por darte la mano,
por escucharte reír,
por una conversación contigo, como tantas veces,
como ya nunca.
De:
“La vida corriendo hermosa hacia los desagües”
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