Elegía
No
digas piedra, di ventana
Eugenio
de Andrade
No
dirijas tu voz a la quietud del muro,
en
el aire persisten
las
vendas en los ojos
del
maniatado contra el musgo,
el
vaho de los fusiles
como
una enredadera
de
nieve estrangulando la mañana,
el
horizonte roto
por
la estampida de los pájaros,
y
ningún grito,
ninguna
historia sino el miedo.
Frente
a la desnudez del paredón
no
digas piedra, di ventana
como
quien dice herida
y
abre los ojos al sonido,
como
quien rompe un cristal
entre
los dedos para ver la sangre
recorriendo
las líneas de la mano
y
encuentra la respuesta
al
óxido, el pulso enfebrecido
de
las tinieblas;
di
la pólvora
y
ciérrale los párpados
a la
literatura.
De:
“La flor de la tortura” y la antología “Un idioma siempre al borde de la
extinción”.
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