domingo, 26 de abril de 2026

FERNANDO VALVERDE

 


 

La poesía muerta

  

Traigo un tropiezo antiguo como un sapo,
un país que es ceniza,
una radiografía que muestra la tristeza,
un cuerpo moribundo,
un guante solitario
como el último día de un invierno.

Traigo un puente sin río,
un arrepentimiento sin memoria,
un vaso que giré
para guardar la noche en que te fuiste,
un domingo cualquiera con su misa
y sus mendigos ciegos.

Traigo todo lo poco que he podido
salvar de mi avaricia,
un ramillete negro de amargura,
un tenedor que un día probó el polvo,
un espejo que vio la pena de mi madre,
una cama pudriéndose debajo de la lluvia,
el tiempo insuficiente,
un relicario con un mechón de pelo
de un poeta o un santo.

Traigo una muchedumbre silenciosa,
una rara edición del Purgatorio
donde pude encontrar
la poesía muerta por mi culpa,
una lista de nombres que fueron mis amigos,
un cascabel con una pena dentro,
una promesa al pie de una montaña,
un árbol borrascoso,
un catecismo antiguo robado de un colegio,
un mar que ya no puede ser el mar,
un papel arrugado en el bolsillo
con una dirección que no conozco,
un sábado ignorante de la sombra,
una rima de Bécquer revolcándose
dentro del corazón de una muchacha,
el amor que no pude llevar hasta tu boca,
un poema que he escrito muchas veces
con distintas palabras.

 

De: “Poesía (1997-2025)”

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario