Si
todo fue mentira,
si nada fue verdad.
¿Fue?
¿Fui? ¿Fuimos?
Me
enciendo un cigarro y
lo apago rápido en el dorso de mi mano
—al caer, de cabeza, en la cuenta atrás—.
Tú
que fuiste todo,
todo lo que pedía al soplar las velas.
Un
deseo tan efímero,
como el fuego de un fósforo
que lamía hasta sentir molestarte
al acariciarte a kilómetros.
Con
un hilo de voz que perdí
tejiendo unos guantes
para que no pasases frío.
Quiero
decir: para no ensuciarte con mi piel.
Porque
me redujiste a nada
y me acabo de dar cuenta: fui verdad.
Y tú
nunca hubieses podido mirar
cómo se abre camino la sangre cierta.
¿Temías
a la costurera
o a la aguja que me pudiese remendar?
De: “Tanto
amor”
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