Advenimiento
Moriré
y aullarás como una loba que no encuentra a sus crías y alguien te disputará y
otros hombres desordenarán tus noches. Partiré deshabitado por la vacilación y
la ceniza, y ninguna de las antiguas palabras ha de servirte para pedir
clemencia ante la ventanilla por donde el prestigio cuela sus ratas y hacen
fila los abandonados cuando el mar molesta a sus muertos. Moriré y un séquito
de insaciables testigos me acompañará mientras duren los frutos en el país de
las prohibiciones. Pronto se ha de terminar el vino y tras la fiesta inesperada
será el tiempo de estar solos, la hora en que la ceguera aborrece a sus perros
y los desconocidos aguardan tras los árboles. Pero entonces huye de la
condenación, aléjate del sometimiento a lo que algún día significó vacío y
amor. Porque nadie dirá una sola palabra que te sostenga, un solo gesto que te
detenga en la caída. Hará mal tiempo y lloverá toda la noche y el viento
enfurecido arrancará las vallas y delante de ti las bestias roerán mis dedos y
comerán mis labios. No te vuelvas para buscar mis ojos porque sobre ti ya no
existirá lo que se extingue y del indiferente cielo se habrán borrado los
retratos como las huellas de un ciclista en la polvareda de los barrios pobres.
El tiempo extingue su belleza a la misma hora que el olvido hace su aparición
de huésped en las relojerías.
De: “La
poesía ha caído en desgracia [1086-1996; 2014]” y la antología “Asamblea.
Poesía reunida 1975-2025”
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