viernes, 1 de mayo de 2026

JUAN CARLOS MESTRE

 

 

 

Advenimiento

  

Moriré y aullarás como una loba que no encuentra a sus crías y alguien te disputará y otros hombres desordenarán tus noches. Partiré deshabitado por la vacilación y la ceniza, y ninguna de las antiguas palabras ha de servirte para pedir clemencia ante la ventanilla por donde el prestigio cuela sus ratas y hacen fila los abandonados cuando el mar molesta a sus muertos. Moriré y un séquito de insaciables testigos me acompañará mientras duren los frutos en el país de las prohibiciones. Pronto se ha de terminar el vino y tras la fiesta inesperada será el tiempo de estar solos, la hora en que la ceguera aborrece a sus perros y los desconocidos aguardan tras los árboles. Pero entonces huye de la condenación, aléjate del sometimiento a lo que algún día significó vacío y amor. Porque nadie dirá una sola palabra que te sostenga, un solo gesto que te detenga en la caída. Hará mal tiempo y lloverá toda la noche y el viento enfurecido arrancará las vallas y delante de ti las bestias roerán mis dedos y comerán mis labios. No te vuelvas para buscar mis ojos porque sobre ti ya no existirá lo que se extingue y del indiferente cielo se habrán borrado los retratos como las huellas de un ciclista en la polvareda de los barrios pobres. El tiempo extingue su belleza a la misma hora que el olvido hace su aparición de huésped en las relojerías.

 

De: “La poesía ha caído en desgracia [1086-1996; 2014]” y la antología “Asamblea. Poesía reunida 1975-2025”

 

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