El
bucoliasta
Entre
los dedos ágiles la flauta estremecida
como femíneo talle, dócil a la ternura,
un enjambre de arpegios cautivos apresura
a hermanar del rebaño con la voz dolorida.
Al
tañedor infante que a la canción convida
responde sólo el eco de la yerma llanura;
los dioses nunca amaron la pastoril ventura
que arrullan las cigarras en la noche transida.
Y el
efebo así canta: ¡Oh Febo! Sé clemente;
soy bucoliasta y puro, de los dioses ferviente:
dáme el laurel ansiado que tu poder recata.
Y
cuando me concedas tu indulgente sonrisa,
consagraré en el ara que la grama tapiza
mi rústica siringa a tu lira de plata.
No hay comentarios:
Publicar un comentario