Antepasados
Mis antepasados
inventaron la Vía Láctea,
dieron
a esa intemperie el nombre de la necesidad,
al
hambre le llamaron muralla del hambre,
a la
pobreza le pusieron el nombre de todo lo que no es extraño a la pobreza.
Poco
es lo que puede hacer un hombre con el pensamiento del hambre,
apenas
dibujar un pez en el polvo de los caminos,
apenas
atravesar el mar en una cruz de palo.
Mis
antepasados cruzaron el mar sobre una cruz de palo,
pero
no pidieron audiencia,
así
que vagaron por los legajos
como
los erizos y los lagartos vagan por los senderos de las aldeas.
Y
llegaron a los arenales,
en
los arenales la tierra es brillante como escamas de pez,
la
vida en los arenales solo tiene largos días de lluvia y luego largos días de
viento.
Poco
es lo que puede hacer un hombre que solo ha tenido en la vida estas cosas,
apenas
quedarse dormido recostado en el pensamiento del hambre
mientras
oye la conversación de los gorriones en el granero,
apenas
sembrar leña de flor en la sábana de los huertos,
andar
descalzo sobre la tierra brillante
y no
enterrar en ella a sus hijos.
Mis
antepasados inventaron la Vía Láctea,
dieron
a esa intemperie el nombre de la necesidad,
atravesaron
el mar sobre una cruz de palo.
Entonces
pusieron nombre al hambre para que el amo del hambre
se
llamara dueño de la casa del hambre
y
vagaron por los caminos
como
los erizos y los lagartos vagan por los senderos de las aldeas.
Poco
es lo que puede hacer un hombre con las migas de la piedad,
comer
pan mojado los días de lluvia a los que luego seguirán largos días de viento
y
hablar de la necesidad,
hablar
de la necesidad como se habla en las aldeas
de
todas las cosas pequeñas que se pueden envolver con
cuidado
en un pañuelo.
De: “Antífona
del otoño en el Valle del Bierzo” y la antología “Asamblea. Poesía reunida
1975-2025”
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