Epitafio
Abrevió
de una buena pedrada la vida abyecta de Felipe Sermoyse, mal clérigo y peor
amigo. Tuvo su parte en el botín de doscientos escudos robados al colegio de
Navarra y dos veces se halló con la soga al cuello. Pero dos veces descendió
para salvarlo en el oscuro calabozo la gracia de nuestro buen rey Carlos.
Rogad a Dios por él. Nació en un tiempo malo; cuando el hambre y la peste
devastaban la ciudad de París. Cuando el resplandor de la hoguera de Juana de
Arco alumbraba rostros aterrorizados y cuando el argot de los bajos fondos se
trufaba con palabras inglesas.
A la luz mortecina de la luna invernal, vio llegar manadas de lobos hasta el
panteón de los Inocentes y él mismo fue como un lobo hambriento y trasijado,
que alguien soltó en medio de la ciudad. Y robó el pan cuando tuvo hambre, y
pescó los peces ya fritos en las sartenes de las vendedoras.
Nació en un tiempo malo. Tropeles de niños hambrientos vagaban pidiendo el pan
por las calles.
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