jueves, 29 de agosto de 2013

ELVA MACIAS



Frío destello


Valgan de ti calladas actitudes
valgan de mí tantas palabras.
Que te conmueva un hermano pequeño
inexistente
o el germen que perdí
en la blanca displicencia de hospital
o el hijo que te ignora.

Revolotean las frustradas parturientas
que en una gravidez vergonzante
me acorralan
                    blanco frío destello
y descendimos
atropellada lentitud
niñas
jóvenes
y de madurez marchitas
todas uniformadas
sin peso en el vientre carcomido
y con la decisión de ser infieles madres
mujeres al fin
en otra dimensión.


MARGUERITE YOURCENAR





El visionario



Yo he visto un ciervo
Atrapado en la nieve.

He visto en el lago
Flotar a un ahogado.

He visto en la playa
Una concha seca.

He visto en las aguas
Pájaros temblando.

A los malditos serviles
He visto en las ciudades.

He visto en las llanuras
El humo del odio.

He visto en el mar
El sol amargo.

En el cielo he visto
Pasar este siglo.

En el espacio he visto
Insondables ojos.

He visto en mi alma
La ceniza y la llama.

Un negro dios vencer
En mi corazón he visto.


miércoles, 28 de agosto de 2013

RICARDO PEÑA



Bebíamos el mar...


Bebíamos el mar
-licor ansiado
que el aire derramaba
por sus contornos claros
La tierra parecía un niño enamorado.

Se quemaba la luna en un bosque de olvido.


En un árbol
la naranja, ah, tan alta,
de una estrella nevada.

ALI CHUMACERO




El nombre del tiempo


Del mar sube el murmullo bárbaro, 
símbolo delator de lo que acaba, huella
donde el misterio de la desaparición
es prestigio inicial del tiempo,
la blancura desierta de lo ausente,
delfín hacia dolida tempestad.

Al aire asciende el Nombre hombre,
aquel que nada niega, y el presagio
de un agua que no es agua sino amor,
la lágrima infinita de la hermosura ilímite;
porque Tú que nombraste el ser
de todo ser adviertes la agonía
de esa mano amorosa y aromada
que acaricia los rostros y los unge:
tu purulento resplandor,
relámpago caído entre los hombres de buena voluntad,
hijo y dueño perenne de nuestro mar morado.

Sólo Tú sabes de las olas de los aires de la nada;
si el viento ha de caer eternamente
convertido en esquirlas y áridos sudores;
si habrá de disfrutar la brisa o alma
ahora nuestra, al corazón vertida
al cuerpo en llamarada al pie en la arena,
floreciente en la fe de tu palabra
y con la voz por ella circundada.

De “Imágenes desterradas”



GABRIELA MISTRAL



Me tuviste



Duérmete, mi niño,
duérmete sonriendo,
que es la ronda de astros
quien te va meciendo.

Gozaste la luz
y fuiste feliz.
Todo bien tuviste
al tenerme a mí.

Duérmete, mi niño,
duérmete sonriendo,
que es la Tierra amante
quien te va meciendo.

Miraste la ardiente
rosa carmesí.
Estrechaste al mundo:
me estrechaste a mí.

Duérmete, mi niño,
duérmete sonriendo,
que es Dios en la sombra
el que va meciendo.



ELVA MACIAS



El regreso



Supe de mi regreso
desenvolviendo nombres y señales
asignando regalos a la curiosidad.
Reproduje las voces anteriores,
traté de restaurar la imagen extraviada
y se desvaneció en el lienzo
sin matices.
Y me sentí más grande que el olvido.


LÊDO IVO



Los dos paisajes


Al paisaje azul,
mujer, te incorporaste.
Tu cuerpo era más desnudo
que los cristales más puros.
¡Numeroso animal,
suma de armonías!
Mis manos se hacían
redondas y tocaban
esferas incompletas.
Mi amor era tanto
que brotaban lágrimas.
Y era tanta la alegría
de estar contigo en Génova
que yo ya no sabía
cuál era el mejor viaje:
si a solas contigo
o junto al paisaje;
si en un cuarto de hotel
o descendiendo en ciudades.