lunes, 12 de mayo de 2014

RUBÉN DARÍO


 

Canción de otoño en primavera

A Gregorio Martínez Sierra.

 

Juventud, divino tesoro,
¡Ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
Y a veces lloro sin querer...

Plural ha sido la celeste
Historia de mi corazón.
Era una dulce niña, en este
Mundo de duelo y aflicción.


Miraba como el alba pura;
Sonreía como una flor.
Era su cabellera oscura
Hecha de noche y de dolor.

Yo era tímido como un niño.
Ella, naturalmente, fue,
Para mi amor hecho de armiño,
Herodías y Salomé...

Juventud, divino tesoro,
¡Ya te vas para no volver...!
Cuando quiero llorar, no lloro...
Y a veces lloro sin querer...

Y más consoladora y más
Halagadora y expresiva,
La otra fue más sensitiva
Cual no pensé encontrar jamás.

Pues a su continua ternura
Una pasión violenta unía.
En un peplo de gasa pura
Una bacante se envolvía...

En sus brazos tomó mi ensueño
Y lo arrulló como a un bebé...
Y le mató, triste y pequeño,
Falto de luz, falto de fe...

Juventud, divino tesoro,
¡Te fuiste para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
Y a veces lloro sin querer...

Otra juzgó que era mi boca
El estuche de su pasión;
Y que me roería, loca,
Con sus dientes el corazón,

Poniendo en un amor de exceso
La mira de su voluntad,
Mientras eran abrazo y beso
Síntesis de la eternidad;

Y de nuestra carne ligera
Imaginar siempre un Edén,
Sin pensar que la primavera
Y la carne acaban también...

Juventud, divino tesoro,
¡Ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
Y a veces lloro sin querer...

¡Y las demás! En tantos climas,
En tantas tierras siempre son,
Si no pretextos de mis rimas
Fantasmas de mi corazón.

En vano busqué a la princesa
Que estaba triste de esperar.
La vida es dura. Amarga y pesa.
¡Ya no hay princesa que cantar!

Mas a pesar del tiempo terco,
Mi sed de amor no tiene fin;
Con el cabello gris, me acerco
A los rosales del jardín...

Juventud, divino tesoro,
¡Ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro...
Y a veces lloro sin querer...

¡Mas es mía el alba de oro!

 

 

 

domingo, 11 de mayo de 2014

RUBÉN DARÍO



 

Del Trópico
 

 

¡Qué alegre y fresca la mañanita!
Me agarra el aire por la nariz,
Los perros ladran, un chico grita
Y una muchacha gorda y bonita
Sobre una piedra, muele maíz.


Un mozo trae por un sendero
Sus herramientas y su morral;
Otro, con caites y sin sombrero,
Busca una vaca con su ternero
Para ordeñarla junto al corral.


Sonriendo a veces a la muchacha,
Que de la piedra pasa al fogón,
Un sabanero de buena facha,
Casi en cuclillas, afila el hacha
Sobre una orilla del mollejón.


Por las colinas la luz se pierde
Bajo del cielo claro y sin fin;
Ahí el ganado las hojas muerde,
Y hay en los tallos del pasto verde
Escarabajos de oro y carmín.

 
Sonando un cuerno curvo y sonoro,
Pasa un vaquero, y a plena luz
Vienen las vacas y un blanco toro,
Con unas manchas color de oro
Por la barriga y en el testuz.


Y la patrona, bate que bate,
Me regocija con la ilusión
De una gran taza de chocolate,
Que ha de pasarme por el gaznate
Con las tostadas y el requesón.

 

 

KARLA SÁNCHEZ



 

Hombre que llueve

a Carlos Martínez Rivas

 

 

Me exalto como hombre que llueve

pues la brisa sopla gotas

que humedecen mi alma

sobre tu mesa nueva.

Al peso de tu mirada

y breve sonrisa que apenas asoma

se agitan las nubes

este agosto triste como tu barba.

Mencionas la bala

señalas el techo

agradeces los ojos moriscos ajenos que enseñas

pero te desola su ausencia de sábados

y domingos

y te admira mi traviesa apariencia de cualquiera

y mi alma

que se tiende sobre tronco herido

para aspirar aroma de luces lejanas

y volar íngrima como rama seca

sobre esta necesaria traición de cada día.

 

MILAGROS TERÁN






Tu mano me platica de la edad de las revoluciones

 
 
 

Tu mano me platica

de la edad de las revoluciones

y del fuego eterno

de las multitudes.

Hablame y contame

tu historia.

Haceme llorar.

Contame un cuento.

Decime por qué nace la aurora

y por qué te gusta vivir

en una casa sola.

Contame por qué nacen

los siglos uno a uno

y por qué no gana El Salvador.

Explicame de qué se

hacen los nidos

y por qué tu cuerpo

tiene un perfume raro.

Enseñame las huellas de tus manos

y la extraña forma de tus pies.

Mostrame cómo se hace el amor

en la ventana.

 

 

 

MICHÈLE NAJLIS



 

Ahora que andas por los caminos de la Patria


 

Ahora que andas por los caminos de la Patria

con el corazón en todo el cuerpo.

Ahora,

con las piernas en el barro

y el fusil —más tarde arado—

junto a tu espalda fuerte.

Ahora,

tal vez de día

tal vez de noche,

piensa que el pueblo es tu victoria

y lucha contigo.

Ya

 

ESTHELA CALDERÓN


 

 

Sobre hombres libres: mi parte



 

General, le cuento

que se está quedando sin ejército,

pues sus hombres libres

han optado casi todos

por los grilletes del poder,

de checazos, de vaquillas,

de sillas parlamentarias

y sobre todo, de retornos presidenciales.

Sabrá que sus hombres descalzos

ahora calzan made in Italy;

ya no caminan,

para eso existen las libres.

Y hablando de libres,

la patria libre

está en la sala de cuidados intensivos.

Nuestra patria es ahora:

el basurero municipal de los ministros

el trampolín para seguir siendo magistrado

y la rampa que te lleva directito

a comprar en abonos suaves

tus derechos para vacacionar en una celda.

Es necesaria su presencia

porque la sombra ideada

por Ernesto Cardenal

ya no basta.

Usted se ha vuelto un recuerdo

mustio, triste, incoherente.

Demuestre que no ha muerto,

¡se lo exijo!

Baje con su machete

cortando cabezas.

Le aseguro que las nuevas generaciones

le estaremos eternamente agradecidas.

 

 

 

MARTA LEONOR GONZÁLEZ


 
 

En un escombro de la vieja Managua

 
 
 

Navajas con filo se deslizan sobre pezones vírgenes

el golpe sobrevive ante el pavor,

la mano empuña, amenaza

es la vara que mide un cuerpo

lo recorre a prisa,

voraz otra vez se detiene y avanza

la puñalada llega y se va

hasta cegar los ojos negros

de la limpia vidrios de desdentado rostro,

matemática fue la hora de su nacimiento

para que el padre negara su existir

y le fue concedido su reino

de habitar entre latas y cartón

erigido el lugar habitado por la nada

que frente a los autobuses

se estaciona

y un semáforo es su único acompañante