sábado, 1 de agosto de 2026

ENRIQUE P. MARONI

 

 


 

M’hjita, me causa gracia

 

tu nuevo estado civil.
Si será gil ese gil
que creyó en tu aristocracia:
Vos sos la Ñata Pancracia,
alias «Nariz Arrugada»,
vendedora de empanada,
en el barrio de Pompeya.
¿Y tu mama? Bueno, de ella,
¡respetemos la finada!
Y ahora tenés voaturé,
un tapao petí gris
y tenés un infeliz
que la chamuya en francés…
¡Qué hacés, tres veces que hacés,
Señora Ramos Lavalle!
Si cuando lucís tu talle,
con ese coso del brazo,
¡no te rompo de un tortazo,
por no pegarte en la calle!

 

JOSÉ DE MATURANA


 

 

Las dos primaveras

 

Rubia y gallarda viene, mostrando en su carruaje
la luz de mil colores y el sol de sus jazmines,
como una blanca Venus de rústicos jardines
a quien las flores todas le rinden vasallaje.

La mansa maravilla del campo está en su traje,
y en su cantar de aurora la voz de los violines…
Tiene los hombros griegos. España va en sus crines,
Italia en sus pupilas y el mundo en su homenaje.

Tú eres así. Por eso mi potro de conquista
llega a la escalinata del pastoral palacio
con la tristeza errante de mi dolor de artista.

Y tras la primavera que tu placer me arroja,
con la altivez de siempre, te ofrezco su topacio
como una mordedura de mi serpiente roja.

 

viernes, 31 de julio de 2026


 

JUAN PABLO ZAPATER

 


 

Alza el velero
sobre el azul intenso
su llama blanca.

 

VERA RICH

 

 


 

Si yo FUERA tú…

  

Si yo FUERA tú, clamaría
por estudiar gramática inglesa,
y ocultaría mi faz, que ardía,
hasta dominar bien su sutileza.

 

DANIEL ALCÁZAR

 

 

 

Bajo un árbol

Irena Sendler

 

Escribo nombres
que no me pertenecen.
Los doblo hasta que caben
en la respiración del vidrio.
La tierra aprende a guardar secretos.
Sobre ella un manzano
ensaya la memoria.

 

De: “La memoria encendida”

 

 

ZUZANNA GINCZANKA

 

 

 

 

Non omnis moriar — mis espléndidas posesiones,
Prados de manteles, fortalezas de armarios,
Sábanas extensas, preciosas lencerías
Y mis vestidos, vestidos claros me sobrevivirán.
No dejo aquí a herederos,
Que tu mano hurgue entre mis cosas judías,
Señora Chominowa, de Lvov, valiente consorte de un soplón,
Delatora diligente, madre de un Volksdeutscher.
Que te sirvan ahora a ti, a los tuyos, ¿por qué dejarlas a extraños?
Oh, queridos — no es una lisonja ni palabras vanas.
Me acuerdo bien de vosotros, como también vosotros de mí
Os acordasteis cuando llegó la Schupo.
Como les recordasteis quien era yo.
Que levanten la copa, pues, estos amigos
Y brinden por mi entierro y por su riqueza:
Alfombras y tapices, fuentes y candelabros —
Que beban toda la noche, y cuando llegue el alba
Que empiece la caza de alhajas, gemas y oros
En sofás, colchones, edredones y sábanas.
¡Oh, cómo cundirá la faena en sus manos!
Bucles de crines equinos y de heno marino,
Nubes de plumón de almohadas rajadas
Se les pegarán a las manos, tornándolas alas;
Será mi sangre que pegará la estopa con el plumón ligero
Y alados de pronto los convertirá en ángeles.
 

1942

 

De: “El ave de fuego”

Versión de Elzbieta Bortkiewicz