martes, 14 de febrero de 2012

FLORENCIA SMITHS



16 de agosto


Una ventanita para mirar por los 28
apenas una ranura indiscreta
para observarme
para grabar la forma
en que la vida ha tomado cuerpo
en mi carne
Una ventanita como en un cuadro:
los años de universidad pasando
las conductas, los deseos, los sigilos
la soledad
como un hondo agujero en el pecho
¿acaso se puede mirar por ese agujero?
y ver hacia el otro lado
un horizonte enlutado
un para siempre a los 9
una ranura de seda agrietando el pasado
Pero ya no tengo suerte con las palabras
digo mal la vida
a los 28 digo apenas mal la poca vida
y me asusto imaginando
el paisaje a los 40
Una ventanita empañada
que a los 9 se limpia
con una manita blanca
con una palabra garabateada en un diario
con una señora robusta a mi espalda
mirándome de frente
a través del espejo
en que me miro estupefacta.

CLAUDIA CURIMIL HERNÁNDEZ



Versos de paso:

23

Qué lindo cuando los hombres se cansan.
A veces se sientan
y miran el sol

lunes, 13 de febrero de 2012


LUIS ALBERTO BRAVO


Paisaje

12

Coloreo el
dibujo de un niño
que murió ayer.

TERESA CALDERÓN




Celos que matan pero no tanto



6

Todos mis sentidos alerta
pueden reconocerte
a una distancia de metros
bajo una niebla de película
en pleno centro de Santiago
a las doce del día
en medio de la gente, animal.

Todos mis sentidos alerta.
Dije todos
menos el sentido
del humor.

MARCELA ALBORNOZ



Soltando trenzas


Ahora que la vacilación te come tu destino
y el hilo que te pende se ha cortado,
ve a buscar las trenzas que has tirado
al río que un día era océano,
como una isla de tu propia soledad
destrenza nuevamente los hilos de la memoria
y abre la tríada cinta de tus trenzas sueltas.

Ya sabes que a oscuras el cielo
se toca con los dedos mojados
y las piernas húmedas son orillas de playa
cuando la piel es un naufragio que resiste las olas.
Caballitos de mar abandonando una calesita
que nadie subirá
apenas la voz es una lengua que baja y se encadena
donde nace otra lengua
otro dedo otra mano otro rostro
mientras afuera llueve a cántaros
y aquí dentro mojados hasta el alma
como huesos empapados a la intemperie del tiempo
terminan por anudarse a una trenza imaginada
que se hunde en el río.

ELIZABETH AUSTER




De este romance solo quedan



De este romance solo quedan:

Tu mirada de fuego interpuesta entre mis ojos y los de cualquier otro;
La añoranza de la caricia de tus manos;
Sonreír como reflejo por tu nombre;
El dulce sabor perdido de tus besos;
Risas que se convirtieron en fantasmas y ahora deambulan por San Telmo;
Un color mediterráneo condenado a extinguirse en mi memoria;
Bailar con los ojos cerrados;
Canciones que por siempre serán nuestras;
El beso perfecto recibido entre las piernas;
El beso que te debo y ya no habré de darte;
Tu obelisco diseñado a mi gusto y medida;
Los poemas que te escribí en noches que no venían al caso como anotaciones al margen de mi historia;
La dulzura ausente después (la distancia y el hambre erosionan los modales);
Mi entrega;
Tu entrega;
Mis sentimientos;
Tus emociones;
Tu miedo a mi cariño;
Tu pánico a volver a enamorarte;
Tu confianza en mi patriótica lealtad;
Mi ilusión de que alguna vez estarías a la altura de las circunstancias;
La honestidad razonada;
Mensajes encerrados en botellas perdidas en el mar;
Pieles que duermen desnudas;
Brindar sin excusas ni razones, brindar de puro gusto;
Los espectros (en realidad, nunca se fueron);
Diplomacia preparándose para la guerra;
No saber lo que queremos;
No querer lo que necesitamos;
Lágrimas de noche y vestido de hielo para el día;
Hablar de más;
Hablar de menos;
Gritar de felicidad a los cuatro vientos;
Descubrirse gritándole a una pared;
La memoria de cuando todo;
Esta abundancia de nada;
No importarte más;
El acre sabor del “no se pudo”.