Blanco
y negro
Si
pudiera ponerle un velo blanco a la noche enlutada
y
vestirla de novia,
no
habría días oscuros que eclipsaran los ojos que aún
lloran
despiertos añorando la calma.
De:
“La caja china”
"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
Blanco
y negro
Si
pudiera ponerle un velo blanco a la noche enlutada
y
vestirla de novia,
no
habría días oscuros que eclipsaran los ojos que aún
lloran
despiertos añorando la calma.
De:
“La caja china”
Mantra
(muerte por miedo)
Miedo
Miedo Miedo
Ojos
/ Vacío
Manos
/ Atadura
Lengua
/ Cicatriz
Boca
/ Mordaza
Miedo
Miedo Miedo
OJOS
resplandezcan en este abismo de ceguera
MANOS
deshagan estos nudos de alambre
LENGUA
no lamas esta planicie abaleada
BOCA
esquiva el
puñete hacia la aridez del campo
Miedo
Miedo Miedo
La
suma de todos mis miembros
es
igual al traje que descansa en el respaldo de la silla
y
exhibe sin pudor
costuras
y membranas
como
una máscara que ilumina un cráneo desde adentro
Miedo
Miedo Miedo
Los
órganos vitales se esparcen como vidrio
bajo aguas sin forma
(no
luz no
movimiento no grito)
Y mi
cuerpo recompone pedazos de memoria:
restos
de una imagen animal
que
nace sin voz en el barro
y se
disuelve en una mancha de pólvora y ceniza
Miedo
Miedo Miedo
MATADO
POR EL MIEDO
De:
“Cinema de la crueldad”
mirada
es
así de sencillo:
la
luna aparece ciertas noches;
langostinos,
champaña y caviar
se
sirven sobre
mesas
privilegiadas.
Una
flor estalla rojo a la luz del sol,
vientos
de amargura azotan el jardín del despojado.
El
muerto de hambre naufraga en un mar de basura.
Un
cementerio recibe al nuevo difunto (que es el mismo).
La
noticia se vuelve pasado en segundos,
mientras
mariposa
y susurro comparten hueco
y
dos
labios se buscan en algún escondrijo urbano.
De: “Ahora
que ha llovido”
Deus
ex machina
Arroja
tú los dados, Señor, te ha llegado el turno y es invierno. Arrinconado
está el tridente, una piel de ceniza cubrió las cordilleras. Señor, he aquí
el canto de la luz a ti debida, en la quietud del
mar y discreción tan pura de la noche infinita. He aquí a tu hijo Elfuego,
ardiendo con su tacto la superficie toda y el agua seduciendo con su lengua
dorada. Ved aquí, Señor, su hermanastra Elalba, hierofanta líquida, posesa de
las formas. Ellos narran en su tremendo idioma, las celebraciones, la obediencia,
y el pecado. Arrójanos tú esta vez, Señor, la semilla y el varón de la especie
más sana. No lo anuncies al azar, porque deviene llanto y se alza con el
tibio rumor del pavimento, y otra vez se nos pierde, nos castiga, nos
repudia. Que nadie sino tú, oh Señor, esgrima esta vez el cuchillo del
jifero; madure un acorde cuando la vida cese y la lluvia limpie, sorpresiva,
las caderas uncidas de los copulantes. Arroja tú los dados, Señor, te ha
llegado el turno de lo ineluctable. Despídelos sin miedo de tu anchurosa
mano, porque a los ocho lados de la suerte nada espera, y hacia la muchedumbre
y el desastre apunta el cielo. Arrójalos tú, Señor, te ha llegado el
turno y es ardiente verano.
De:
“Deus ex machina”
Evolución
de la rosa
Por
tierra de unidad y de armonía
la vieja Grecia se preció de hermosa:
símbolo de belleza fue la rosa;
Venus entre sus rizos la prendía.
Duraba
su esplendor tan solo un día;
era pomo de esencia deliciosa;
y, borracha, la alegre mariposa
en el cáliz de fuego se dormía.
Vienen
la edad moderna y los Linneos;
llega el floricultor, y en variedades
la rosa dividió, como en casillas…
¡Venus
y Anacreonte, estremeceos!
¡Cantores del amor! ¡Muertas deidades!
¡Hay rosas negras, verdes y amarillas!
De:
“Las frases frágiles”
De
Luto
Nada
me pesa más
que
una gorda en una funeraria:
redonda,
oscura;
contraste
exacto con la pálida silueta de los cirios.
Al
dar el pésame
lleva
un dolor sincero el tosco manotazo,
y
sus mejillas…
¡Cuanta
sal pueden soportar esas mejillas!
Llora,
tiembla,
estremece
la capilla entre sollozos.
Falta
de oxígeno y amores
como
un higo maduro se derrumba;
entonces,
es urgente
un
mínimo de cuatro caballeros
para
recobrar el suelo arrebatado,
en
tres minutos más la cafetera
sufrirá
el rigor de su retorno.
Torre
de David…
(ruega
por nosotros)
Torre
de Marfil…
(ruega
por nosotros).