sábado, 29 de octubre de 2016

SUSANA THÉNON




Aquí, ahora



Sé que en algún lugar
la alegría se desparrama
como el polen
y que hace tiempo
los hombres se yerguen
como jardines definitivos.
Pero yo vivo aquí y ahora,
donde todo es horrible
y tiene dientes
y viejas uñas petrificadas.
Aquí, ahora,
donde el aire
se asfixia
y el miedo es impune.



ESTHER M. GARCÍA



  
 Mujer solitaria cuidando a su madre

Christina Rico González
(Saltillo, Coah. 1980 – Zacatecas, Zac. (-) )



Dicen que su madre se volvió loca al nacer ella
que su padre se esfumó entre una nube negra de incertidumbre
e ida por cigarrillos a la tienda
—¡Ahorita vengo, no tardo! —dijo y pasaron 25 años
y nunca volvió

Todavía es fecha en que ella lo espera
vestida de niña detrás de la puerta
detrás del reflejo de su madre
de toda su amargura

La locura es un arma silenciosa
Juega a no querer herir a nadie
más que al enfermo
pero es mentira

Es una bala penetrando carnes              abriendo heridas
dejando rastros imperceptibles de sangre
por aquí y por allá

Un arma llena de municiones es su madre
y ella por defender el amor
o por obligación
deja pasar su vida anudada siempre al mismo cordel

la locura de mamá
que la embrutece bellamente ante los ojos de los vecinos
de los parientes
de los que alguna vez la han acechado con pasión
y luego fueron manchas en la memoria
borrones imprecisos

Cada noche su loca madre aulla hacia la luna
y ella besa el botón entre sus labios
con los dedos de su mano derecha
Todas las noches es la misma cosa
la misma tonada
el mismo ritual

Una aulla locura y otra se casa con la almohada
entre el sudor del “¿y si se enteran los vecinos y los tíos?”
Y el “¿Qué pensaría mamá de mí?”

Pero su madre ya no es
sino el abismo de otra cosa
que al final de un día cualquiera acabará consumiéndola
también a ella


MARÍA NEGRONI




Prosa desnuda



antes nunca hubo
o fue imposible aún

ninguna inspiración
que hiciera piedra del instante
ni siquiera un interior
de un exterior

una y otra vez
no supe algo de poco

no di la pertinente
información
              -anoche tomé pastillas
                nadie lavó los platos-

en tal condición precaria
la luna me ve girar

soy yo la que funda un cielo
de fase en fase




viernes, 28 de octubre de 2016


MARISOL VERA GUERRA




Vestigios

Atrás está la mujer de sal,
permitiré que me desbarate su sombra.

Luisa Isabel García Meriño



Otras mujeres me acarician
cuando recojo cáscaras de nueces
en la calle –un lugar
al que no pertenecen luz ni tiempo–,
¿qué mano ha estrujado su blandura de fruta?
Así me miro, yo, mapa de cicatrices
que traza el mediodía
mientras besa una muchacha mi cuerpo
a la intemperie: uva madura
que derramó su azúcar en mi boca.

Otras mujeres como lobas, como chacalas y perras
escarban mi entraña,
semilla de árboles perennes
que me visten de cortezas.
Aún me arropa la raíz de un pubis
donde crecían las yerbas, los malos pensamientos,
las traiciones. No fui nunca
hija predilecta de la noche,
fui en cambio la más amada por sátiros
y ninfas; la más pequeña de las Furias,
el último verso estampado en ruinas. 



ANA CRISTINA CESAR




Fisonomía



no es mentira
es otro
el dolor que duele
en mí
es un proyecto
de paseo
en círculo
un malogro
del objeto
en foco
la intensidad
de luz
de tarde
en el jardín
es otro
otro el dolor que duele
es aquí
por ahora
todavía no hay
cortina
alfombra
luz indirecta
amenizando la noche
cuadros en las paredes


De: "Guantes de gamuza y otros poemas"


Versión de Teresa Arijón y Sandra Almeida



LORE MÉNDEZ




La sortija



A veces me toca rifar
mis pensamientos
al aire

me resisto
desespero
me resigno

mi infancia quedó
reducida en un punto
sobre un caballo
que ya no galopará jamás.

Oigo lejos la gritería de todos mis adultos,
el viral exitismo que se infiltra
y se instala cómodamente
en el crujir de mis vértebras:

«dale que vos podés»

obediente intento alcanzar
con el manotazo de ahogado
algo de la ilusión que veo derretirse
en la manos de alguien,
pero las horas reales
se escurren entre la arena de un reloj que,
con justicia,
se prepara a colapsar.

*

Mi esgrima se acaba con la última luz
del fui creciendo
justo cuando empezaba a disfrutar
del giro,
de la vuelta.

De lágrimas enjugada y
con los brazos  en punto muerto
cedo mi lugar en el juego
a los bisoños condenados
que me siguen detrás.