martes, 29 de octubre de 2013

DANIEL BATTILANA




DEL ÁNIMO, otro


Sin gustos fuertes no se ama
tampoco se escribe.

La joya era la palabra.

La moneda el calendario de brazos estirados;
nada por restar el pan del salario
agrandándolo de horas sin pan.

Donde hay justicia no hay placer
ese es el mundo.

Nada por la creencia votiva
o la tiranía de lo simple.

Me seduce el coraje
de mantenerme lejos
de mis pasos.

Por lejos coraje.

Soy lo provisorio
y en ese poema
resto para sumar
crezco dividido.
En este error
mi especie se la arregla
para mejorarse de horrores.

Lo que digo es provisorio
comprendo esta palabra
la maté con otras: llegar,
amistad, cansancio, poema.

Aunque asesinaría al tiempo con sus mismas bofetadas
poblé de visillos los cuerpos en que habita.

No, la verdad para el halago.
Sí, la mentira para fabricar mendigos o
salvar su ministerio de hombre.

Habitamos este fraude de los recursos.

Esto es lo real provisorio
y el poema
un atajo interminable de despojo.

Las babosas tienen su frontera de sal
en el patio y nadie llega hasta aquí
si no es acorralado.



NATALIA LITVINOVA

  


No crezcas



vuelvo a tener la edad que nunca tuve.
mi padre se acomoda sobre mi regazo
y me susurra al oído su regalo de navidad.
acaricio sus cabellos.
no crezcas
eso no hace falta para que exista.
él insiste y crece.
ahora un cuerpo sobra.


De “Esteparia”

NATALIA MOLINA



  
Tierra colorada



Con mirada de niña recorro la tierra colorada. Un sapucay baila en mi sangre -la patria ancestral-.

Abuela María baila descalza un chamamé en algún rincón de Corrientes. La guaraní sonríe. Su pollera balancea sueños.

Mi madre nació en esta provincia, como mi abuela, mi bisabuela y mi tatarabuela.

Ahora nos emparejamos en edad y bailamos una ronda. El río Uruguay sabe de nosotras.

La tierra colorada nos vuelve a parir. La muerte no existe en este instante.

-Abrazame, abuela. Abrazanos a mami y a mí. Las tres descalzas en la tierra colorada somos invencibles. Nos limpiamos el abandono de las manos y las elevamos al sol.

Bailemos juntas, como si el tiempo fuera a nuestro favor.

Volvamos a tu rancho, abuela. Ese de abobe con tinglado de chapa en donde cocinabas locro, mientras nos hablabas del señor del sol. El tipo alto, desgarbado, con sombrero de ala ancha. Nos amenazabas con que nos iba a llevar si salíamos a la hora de la siesta a los naranjos.

Pero esta vez se va a hacer amigo, y va a recorrer los frutales con nosotras.

Hoy la vida es una fiesta. Nos volvemos a encontrar.

-Mami, no llores. Mirá cómo baila la abuela.

Celebremos.


Somos esta tierra brava, festiva y caliente

lunes, 28 de octubre de 2013

MARCELO FAURE




El placer


una guerrilla por desplegar
una humedad por lamer
una risa por reír
un cabello por liberar
una palabra por susurrar
un dios por gritar
un cielo por asalto.


YANINA MAGRINI




SMS-1



Hace frío en el micro.
Tengo cosas chiquititas
inútiles por llevar.
Tengo las veintidós
del miedo
y monosílabos tiritando
detrás del vidrio.




EVA MURARI




En invierno…



En invierno las poleras, 
los gorros y los guantes
suaves y ceñidos,
los guisos bien picantes,
contra el viento sentir la nariz fría
y los anteojos empañados,
tejer o leer con el sol de las tres de la tarde
entibiando la sala,
desde la cocina un perfume a dulce de membrillos.



CECILIA ERASO





Anamnesis



Afuera todo era amarillo,
afuera todo
y desde ahí me vi morir
muertes intachables, antológicas:
debajo de las ruedas de los trenes,
a la hora de la siesta atragantada con saliva
me vi caer tan cascarudo, seca y dura,
imitándome a mí misma en el morir.