viernes, 15 de mayo de 2026

ROBERTO MANZANO DÍAZ

 


 

Bajo la sombra del ilang-ilang

  

Bajo la sombra del ilang-ilang
escribo con el sol majado en el mortero del follaje;

allí sentado escribo, en medio del paisaje
interior que los hombres en sus casas se dan;

escribo, mientras los minutos van
cayendo, como mismo bajan las hojas demoradas;

las manos, alertadas,
copian en verbo rápido el suceso;

de cuando en cuando advierto el leve peso
de monedas solares desde arriba lanzadas;

pero la sombra gana la partida
y se siente un frescor que estimula a cantar;

en este manso sitio se puede oír el mar
cuando quiebra su frente en la margen herida;

se podría escuchar la boda enardecida
del basalto y la estrella;

o el texto aquel que dice la querella
—lo cantó Juan Cristóbal— dentro del bosque umbrío;

soy del planeta, pero tengo un fragmento mío
donde poner la huella;

ahora mismo las voces de los que allí trabajan
escucho:

me gusta mucho
sentir cómo el sonido y lo silente encajan;

las raíces que suben, los follajes que bajan
arriban solos a mi copa honda;

soy la cepa y la fronda
de un viejo eslaboneo;

percibo, más allá de lo que veo,
una luz más redonda;

tiene que haber un reino de mayor señorío
y un espacio de más delgada transparencia;

porque lo eterno nace desde la contingencia
y a la cumbre se llega transitando el bajío;

distingo ahora el impalpable envío
de los otros, adentro de esta honda soledad;

siento, por sobre la inconformidad
de mi sangre, una médula posible;

es algo unible
que se columbra hacia la oscuridad;

oh tarde silenciosa,
me siento sin edad, con todo el tiempo unido;

cómo es posible si yo no he vivido
mucho más que la rosa?;

y he sido una centella de carencia imperiosa
y un duro rayo de dolor tremendo;

cómo es posible, qué es lo que no aprendo
dentro de esta obcecada lucidez?;

ah la altivez
enarbolada en medio del remiendo;

y no eres dueño
ni de tu propio sueño;

sólo has tenido, y al desgaire,
el aire;

pero has sido monarca del empeño
y de la trémula mensajería de lo invisible;

se te volvió escribible
el mundo;

y ardes profundo
igual que un combustible;

azul derribo, el resplandor ahora
cae trucidado de la altura;

dentro de la blancura
de la página es una rabia invasora;

hacia la sombra protectora
corro el asiento;

y en este movimiento
toco los nudos del espacio;

congruencia viva, todo va despacio
dentro del pensamiento;

el discurrir preludia
la idea;

el interés —polea
pertinaz— interludia;

la gana estudia
alrededor;

en la boca la música del verso, ese temblor
convoca;

y la demanda de seguir provoca
una honda búsqueda interior!

 

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