Bajo
la sombra del ilang-ilang
Bajo
la sombra del ilang-ilang
escribo con el sol majado en el mortero del follaje;
allí
sentado escribo, en medio del paisaje
interior que los hombres en sus casas se dan;
escribo,
mientras los minutos van
cayendo, como mismo bajan las hojas demoradas;
las
manos, alertadas,
copian en verbo rápido el suceso;
de
cuando en cuando advierto el leve peso
de monedas solares desde arriba lanzadas;
pero
la sombra gana la partida
y se siente un frescor que estimula a cantar;
en
este manso sitio se puede oír el mar
cuando quiebra su frente en la margen herida;
se
podría escuchar la boda enardecida
del basalto y la estrella;
o el
texto aquel que dice la querella
—lo cantó Juan Cristóbal— dentro del bosque umbrío;
soy
del planeta, pero tengo un fragmento mío
donde poner la huella;
ahora
mismo las voces de los que allí trabajan
escucho:
me
gusta mucho
sentir cómo el sonido y lo silente encajan;
las
raíces que suben, los follajes que bajan
arriban solos a mi copa honda;
soy
la cepa y la fronda
de un viejo eslaboneo;
percibo,
más allá de lo que veo,
una luz más redonda;
tiene
que haber un reino de mayor señorío
y un espacio de más delgada transparencia;
porque
lo eterno nace desde la contingencia
y a la cumbre se llega transitando el bajío;
distingo
ahora el impalpable envío
de los otros, adentro de esta honda soledad;
siento,
por sobre la inconformidad
de mi sangre, una médula posible;
es
algo unible
que se columbra hacia la oscuridad;
oh
tarde silenciosa,
me siento sin edad, con todo el tiempo unido;
cómo
es posible si yo no he vivido
mucho más que la rosa?;
y he
sido una centella de carencia imperiosa
y un duro rayo de dolor tremendo;
cómo
es posible, qué es lo que no aprendo
dentro de esta obcecada lucidez?;
ah
la altivez
enarbolada en medio del remiendo;
y no
eres dueño
ni de tu propio sueño;
sólo
has tenido, y al desgaire,
el aire;
pero
has sido monarca del empeño
y de la trémula mensajería de lo invisible;
se
te volvió escribible
el mundo;
y
ardes profundo
igual que un combustible;
azul
derribo, el resplandor ahora
cae trucidado de la altura;
dentro
de la blancura
de la página es una rabia invasora;
hacia
la sombra protectora
corro el asiento;
y en
este movimiento
toco los nudos del espacio;
congruencia
viva, todo va despacio
dentro del pensamiento;
el
discurrir preludia
la idea;
el
interés —polea
pertinaz— interludia;
la
gana estudia
alrededor;
en
la boca la música del verso, ese temblor
convoca;
y la
demanda de seguir provoca
una honda búsqueda interior!
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