"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
sábado, 29 de abril de 2023
HENRI DE RÉGNIER
El
reposo
Apaga,
visitante, esa antorcha importuna
y no al suelo la flama inclines. ¿Has creído
que sus gotas de fuego que caen una a una
reanimarán el polvo en que ayer he vivido?
No.
Si la misma losa, ante la chispa vana
cediera un solo instante en su dureza fría,
y sí en mi noche triste, insensible y lejana
surgiera nuevamente la claridad del día,
¡oh,
caminante! ¿piensas que iba mi polvo yerto
que libertó la parca y en la quietud reposa
a renunciar al goce divino de haber muerto
y a dar por nueva vida su noche tenebrosa?
No
obstante, fui dichoso. Amor dejó sellada
mí boca con su boca en más de un beso ardiente,
y entretejió la gloria con mano delicada
lauros para mi nombre, antes para mi frente.
Mas
dejan en el alma como un resabio triste
cada feliz instante, cada divina hora,
y aquí ya nada espero, y para mí no existe
la vuelta de la noche ni el paso de la aurora.
Que
el generoso día o la inquietud nocturna
den a los vivos lloro o goce apetecido:
¿qué importa al que en cenizas aduérmese en la urna
bajo pesado mármol e inquebrantable olvido?
Por
eso ni tus pasos, tu vista, ni la ardiente
antorcha, ni tu labio que en alta voz me nombra
darán un sobresalto a mi paz impaciente
¡oh, tú que aquí has venido para evocar mi sombra!
Aunque
tu propia mano, piadosa, en su rudeza,
quebrara el fuerte gozne, rompiera el bronce duro,
¡Amor! y aunque tu tierno semblante y tu belleza
viera asomar de nuevo sobre mi asilo obscuro.
HOMERO MANZI
¡Che
bandoneón!
El
duende de tu son, che bandoneón,
se apiada del dolor de los demás
y al estrujar tu fuelle dormilón
se arrima al corazón que sufre más.
Estercita
y Mimí, como Ninón,
dejando sus destinos de percal
vistieron al final mortajas de rayón,
al eco funeral de tu canción.
Bandoneón,
hoy es noche de fandango
y puedo confesarte la verdad
copa a copa, pena a pena, tango a tango,
embalado en la locura
del alcohol y la amargura.
Bandoneón,
para qué nombrarla tanto,
no ves que está de olvido el corazón
y ella vuelve noche a noche como un canto
en las gotas de tu llanto,
¡che bandoneón!
Tu
canto es el amor que no se dio
y el cielo que soñamos una vez,
y el fraternal amigo que se hundió
cinchando en los tormentos de un querer.
Y
esas ganas tremendas de llorar
que a veces nos inundan sin razón,
y el trago de licor que obliga a recordar
si el alma está en “orsái”, ¡che bandoneón!
ADELARDO LÓPEZ DE AYALA
El
sol y la noche
Encendido
en sus propias llamaradas,
la sed devora al luminar del día,
y, eterno amante de la noche fría,
persigue sus espaldas enlutadas.
Ansioso de sus sombras regaladas,
en vano corre la abrasada vía;
que él mismo va poniendo el bien que ansía
donde nunca penetran sus miradas.
La dicha ausente, y el afán consigo,
arde y redobla su imposible instancia,
llevando en sus entrañas su enemigo…
¡Así corro con bárbara constancia,
y siempre encuentro mi ansiedad conmigo
y el bien ansiado a la mayor distancia!
NOAH CICERO
Problemas
de la paternidad
Le
dijo a su amigo en un Starbucks,
“No sé. Quiero casarme
y procrear. Pero entiendo el posmodernismo,
pero cambiaría eso por una familia.”
El amigo rió.
El hombre continuó, “Pude casarme con Katie,
ahora ella está casada. Supe que no la amaba, porque
si ella se tiraba un pedo mientras dormía me daría
mucha vergüenza.”
El amigo respondió, “Bueno, tampoco olvides
la idea del carrito de bagels y de cómo ella
no iba a enjuagar los platos luego de enjabonarlos.”
Años después, el hombre encontró a una mujer. No se
tiraba tantos pedos, se tiraba pedos siempre en el momento idóneo
y sólo en situaciones apropiadas.
incluso enjuagaba los platos.
Se mudaron juntos. Tenían empleos estables.
Ambos estaban a la mitad de sus treintas, calculaban
que su hijo terminaría la universidad cuando ellos estuvieran a la mitad de sus
cincuentas.
Y eso era algo adecuado. Esto orilló que la mujer dejara su plan anticonceptivo
y que el hombre tomara omega 3 en píldoras para incrementar su fertilidad.
Comenzaron a tener sexo, el hombre recordaba
todas las experiencias sexuales de su vida, cuando
perdió la virginidad en un sillón en un sótano.
Cuando tuvo sexo detrás de un bar con Sarah Espinoza,
cuando su compañera de trabajo le mordió los pezones y
dijo muchas mierdas muy raras. Él pensaba:
“Si me vengo, si disemino, esto acabará.
Me convertiré en papá. Un papá sexo.”
La mujer no pensó en su historial de relaciones sexuales.
Pensaba en que sus alumnos no
hacían la tarea, y que necesitaba un pene dentro de ella.
Justo antes de que el hombre se viniera,
susurró en el oído de su esposa,
“Con autenticidad y sinceridad,
diseminaré mis genes
en ti.”
Entonces eyaculó.
La mujer lo miró y dijo
“¿Te gusto?”
RAYMOND CARVER
Dos
mundos
En
el aire denso
con olor a azafrán,
sensual
olor a azafrán,
miro cómo desaparece el cielo limón,
un
mar que cambia de azul
a negro aceituna.
Miro
el relámpago que salta desde Asia como
dormido,
mi
amor se agita y respira y
se vuelve a dormir,
parte
de este mundo y sin embargo
parte de aquél.
MELCHOR DE PALAU
A la
locomotora
Watt,
Stéphenson, Crámpton, yo os conjuro;
en premio a vuestro infatigable anhelo,
dejad un punto el inmortal seguro,
pisad de nuevo la región del suelo;
y, al contemplar con ávida mirada,
de metálicas venas
su faz rugosa, por doquier surcada,
gozaréis mayor dicha que en el cielo.
La
que sembrasteis válida semilla
no se aventó cual parva de las eras,
en hoya vino a germinar profunda;
hoy es árbol que brota a maravilla,
y que, como las líbicas palmeras,
al través de los aires se fecunda.
Esa
serpiente férrea y anillosa,
que en la cabeza el corazón ostenta;
que, inquieta y animosa,
en su carrera al huracán afrenta,
impávida como él, como él ruidosa,
de vuestra mente es singular hechura:
hipógrifo sin alas,
viene a mostraros sus crecientes galas,
su espléndido poder y su bravura.
¡Quién os dijera en los aciagos años
de sórdida miseria,
cuando bebíais hiel de desengaños,
vuestro genio al luchar con vil materia,
que aquel rudo naciente mecanismo,
objeto de irrisión y de sarcasmo,
ya en vuestro siglo mismo,
en que hasta hay luces que proyectan sombra,
despertara en el vulgo intenso pasmo
y del hombre de ciencia el entusiasmo!
Tal
como el padre que en la cuna deja
al vástago infeliz, y a extraño clima,
para labrar su porvenir se aleja,
al regresar, con gozo
por haber dado a su proyecto cima,
contempla al niño convertido en mozo,
y duda breve instante,
al ver las sombras del negruzco bozo,
si es aquel hombre el que dejara infante;
así miráis con lógica extrañeza
a la que os debe fulgurante vida;
su, en apariencia, indómita fiereza,
la efusión grata del amor no impida;
vuestra es la savia que en su seno anida
y son vuestras su gloria y su grandeza.
Miradla
con placer, con noble orgullo,
ved cual su pecho jubiloso late,
ved cual relincha en gárrulo murmullo,
como corcel ganoso de combate.
No la atajan altísimas fronteras,
que, a contracurso remontando el río,
el silboso Pirene, el Alpe frío,
atraviesa en urdidas madrigueras.
Pasa sobre los polders de la Holanda,
como sobre las aguas del diluvio;
se enfría de la nieve en los cristales;
se caldea en los rojos arenales;
por entre abismos pedregosos anda,
y a las bocas se asoma del Vesubio.
Recorre
audaz la cordillera enhiesta;
esquiva la corriente submarina,
bajo el piélago abriendo
impermeable mina;
elude la vorágine funesta
sobre tornátil puente que rechina;
se solaza en la plácida floresta,
y en la falda del monte se reclina.
Vedla
el túnel dejar de corvo techo,
oculta en vaporosas espirales,
cual virgen negra que, al salir del lecho,
se envuelve en sus blanquísimos cendales;
con profusión abona
los campos en la plétora esquilmados:
transporta en peso desde zona a zona
los pueblos mal hallados,
y las fuentes vitales eslabona.
Imagen
de la bíblica serpiente
que, de dulces promesas al hechizo,
gustar la fruta a nuestros padres hizo,
que pendía del árbol omnisciente;
nos ofrece afanosa,
de Gutenberg por hábil artificio
en el blanco papel reproducida,
la fruta provechosa
del saber, en los campos recogida.
Cual
paloma del Arca
es anuncio de paz; su hogar ardiente
do la tea incendiaria se consume,
las razas va fundiendo lentamente;
hace, de polo a polo,
del orbe entero una ciudad tan sólo;
entierra con cariño
el cadáver del mísero expatriado,
so el árbol do jugara cuando niño;
uniforma el color del rostro humano;
arrulla al mismo son del indio el sueño
y del rudo africano
que, dormidos, arrastra juntamente;
el filo embota de sangrienta Parca;
del libre esclavo con los hierros viles
fabrica sus carriles;
y en todo cuanto su poder abarca,
germen de amor desarrollar se siente.
Si,
subyugada por la fuerza bruta,
cual caballo de Troya, en sus entrañas
transporta a veces invasora hueste,
vedla, por otra ruta,
hendiendo sigilosa las montañas,
conducir anhelante,
para hacer frente al enemigo artero,
con el carro el caballo y caballero.
Atrás
dejando blanquecina estela,
cual nave de los mares del espacio
que al fuego echó la perezosa vela,
por doquiera que va vierte los dones
con que nos brinda próvida natura;
ya llevando a las cálidas regiones
las frutas que requieren la frescura,
ya, a las tierras heladas,
las del sol por los rayos sazonadas.
Es
del Comercio mensajera activa,
de acopio signo, de riqueza augurio;
con perpetuo vaivén de lanzadera,
en este siglo de la fuerza viva,
sustituye al alípede Mercurio.
Del
Egipto fue símbolo la Muerte,
gastó en su culto la existencia entera;
hoy con tenaz aliento,
norma tomando de la térrea esfera,
el hombre la consagra al movimiento.
Por
eso admira y entusiasta adora,
realización de su ideal quimera,
la audaz Locomotora
que, en rápida carrera,
los espacios famélica devora,
y va, con sus silbidos,
despertando los pueblos adormidos.
Por
eso os rinde sin igual tributo,
¡oh seres! que en la tierra
días pasasteis de amargoso luto,
de insólito desvelo,
con lo arraigado, en trabajosa guerra,
y que, al dejar el miserable suelo,
tan sólo visteis verdear el fruto.
Miradlo ya en sazón; pueblos viriles
se nutren de su pródigo sustento:
los yermos torna mágicos pensiles;
Ceres moderna, va sembrando a miles
los prolíficos granos del fomento.
¡Cuán
brava a Tite los ojos se aparece!
Férrea coraza la recubre entera,
cual paladín que, con ardiente llama,
por su patria luchara y por su dama;
el más leve reposo la enardece;
chispazos de la lumbre en que se inflama
despide, resoplando como fiera,
y el viento vago, con orgullo,
mece el vaporoso airón de su cimera.
¿Oís?
La hora sonó de la partida,
ved cual se lanza con febril exceso;
¡gloria a los Genios que te dieron vida!
¡plaza, plaza al Caballo del progreso!
