La
tarde
Paró
en las eras la afanosa cuita.
Todo en la tarde se concentra y ora:
hora de ausencias sollozantes, hora
de religiosas almas favorita.
Con
largos ecos la señal bendita
recuerda al corazón que sueña o llora,
que lo inmortal en lo terreno mora,
que en nuestro ser la eternidad palpita.
La
sombra de los cerros se agiganta,
y una tristeza plácida y divina
sobre el alma y el mundo se levanta.
Símbolo
de la tarde que declina
un tochecillo solitario canta
entre el pencal su endecha vespertina.
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