domingo, 31 de mayo de 2026

OSBERT SITWELL

 

 


En la costa de Coromandel

  

En la costa de Coromandel,
Bailan al son de Handel;
Coralmente, esa costa coralina
Une hueso y fantasma,
Hasta que palabra, miembro y nota son uno,
Fundiendo acto y sonido.

Todo el día apuntan el paso
En la costa de Coromandel.
Piernas amarillo limón, desnudas,
Piruan al aire empolvado
Desde los primeros brotes verdes del alba,
Frescos como un cuerno del norte,
Hasta que el viento tropical nocturno
Con su lengua áspera
Rompe las frágiles torres de especias.

Reflejados en arrozales lisos y verdes
(Donde el agua es espejo perfecto),
Sarabandas y rigodones
Danzan en el ronroneo del mediodía,
Mientras las olas lacadas dibujan
Dragones dorados en la arena—
Dragones que deben morir, humeantes,
Bajo la agonía del sol ardiente—

Cuando elefantes de sangre real
Avanzan hacia el descanso entre barro de lirios,
Entonces la tarde, dulce como mango,
Los invita a un alegre fandango,
Minué, giga o gavota.

Cómo detestan el turkey-trot,
La danza nautch y la Highland fling.
Pues jamás cantarán
Otra música que no sea la de Handel
En la costa de Coromandel.

 

 

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