jueves, 4 de junio de 2026

EDITH SITWELL

  


 

La dama de la máquina de coser

  

A través de campos verdes como espinaca,
Cortados tan al ras como el Tiempo en Greenwich,

Se alza una casa alta; si acaso
La primavera llega como un chal de Paisley—

Dibujos minuciosos
Y juvenilmente ridículos.

En cada cuarto el sol amarillo
Tiembla como un canario, corre

Trino tras trino, roulade y gorjeo acuoso—
Amarillo, sin sentido y estridente.

Rostro tan blanco como cualquier reloj,
Enmarcado en rizos oscuros como perejil—

Todo el día te sientas a coser,
Coses la vida para impedir que crezca,

Coses la vida por miedo a que adivinemos
La fealdad oculta.

Voz polvorienta que late con calor,
Esperando con tu pulso fino de acero

Poner puntadas en mi mente,
Ordenarla, volverla dócil,

No podrás: la mantendré libre
Aunque conviertas tierra, cielo y mar

En una colcha de retazos para guardar
Tu mente tibia y segura en el sueño.

 

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