La
dama de la máquina de coser
A
través de campos verdes como espinaca,
Cortados tan al ras como el Tiempo en Greenwich,
Se alza
una casa alta; si acaso
La primavera llega como un chal de Paisley—
Dibujos
minuciosos
Y juvenilmente ridículos.
En
cada cuarto el sol amarillo
Tiembla como un canario, corre
Trino
tras trino, roulade y gorjeo acuoso—
Amarillo, sin sentido y estridente.
Rostro
tan blanco como cualquier reloj,
Enmarcado en rizos oscuros como perejil—
Todo
el día te sientas a coser,
Coses la vida para impedir que crezca,
Coses
la vida por miedo a que adivinemos
La fealdad oculta.
Voz
polvorienta que late con calor,
Esperando con tu pulso fino de acero
Poner
puntadas en mi mente,
Ordenarla, volverla dócil,
No
podrás: la mantendré libre
Aunque conviertas tierra, cielo y mar
En
una colcha de retazos para guardar
Tu mente tibia y segura en el sueño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario