domingo, 7 de junio de 2026

EDITH SITWELL

 

 

 

Corazón y mente

  

DIJO el León a la Leona—«Cuando seas polvo ámbar,
Ya no un fuego rugiente como el calor del Sol
(Sin gusto, sólo deseo)—
Recuerda aún el florecer de la sangre y el hueso ámbar,
El ondular de los músculos brillantes como un mar,
Recuerda los pinchos de rosa de las patas luminosas
Aunque el fuego de ese sol haga uno al corazón y al hueso frío de la luna.»

Dijo el Esqueleto tendido en las arenas del Tiempo—
«El gran planeta dorado que es el calor doliente del Sol
Es mayor que todo el oro, más poderoso
Que el cuerpo leonado que el fuego consume
Como todo lo que crece o salta… así es el corazón

Más poderoso que todo el polvo. Una vez fui Hércules
O Sansón, fuerte como los pilares de los mares:
Pero las llamas del corazón me consumieron, y la mente
No es más que un viento necio.»

Dijo el Sol a la Luna—«Cuando seas solo una anciana blanca y solitaria,
Y yo, un rey muerto en mi armadura dorada en algún bosque oscuro,
Recuerda sólo esto de nuestro amor sin esperanza:
Que nunca, hasta que el Tiempo termine,
El fuego del corazón y el fuego de la mente serán uno.»

 

 

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