EL
DORSO afable a veces se vuelve quemadura,
mirar atrás es insondable.
Tanto dolor se le fue acumulado en los alvéolos
que cuesta creer
que se pueda volver a respirar en paz.
Renuncio
al odio y a su rictus.
Digo “renuncio” pero tendré que limpiar la sangre de la herida.
De:
“Más allá de la aureola marrón y núbil”
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