LA
OTRA NOCHE
descubrí
a la abuela
ballena–loba–marina
aullando a la luna.
Conjuró
a nuestras ancianas
encalladas en la cara oculta
de la luna.
Giraba
giraba encorvada
en ritual planetario
como un huracán
del gran Atlántico.
Cada
menguante
las invoca solitaria
en su cuarto creciente.
Ayer
en novilunio
el centro galáctico
como bola de cristal
se reveló entre sus manos:
“ellas
no son ballenas de sal”.
¿Sabrá
la abuela
el significado?
De:
“Tengo una ballena en mi ojo”
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