Almuerzo
de domingo
El
viento golpea los palos de la luz, los cables no tensados.
Altísima
es la tensión aunque aquí no sucede
nunca
nada. Se eleva y camina la gran sombra
de
la tierra al cielo, de la cama al salón.
El
domingo tintinean los sonidos
de
los cubiertos en los bordes de los platos.
Las
mujeres enseñan a estar callados y compuestos
con
trayectorias de miradas indirectas
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