el
once
los
padres no existen, son viejas armas de guerra, excusas falsas para evadir la
sensación de estar solos. los aeropuertos repletos de gente, las ventanas
abiertas gritando corrientes infinitas de aire. un estómago que corre y se
sostiene apenas, grita y gime escondido en sí mismo. no te vayas nunca, no te
vayas nunca. un estómago que araña su textura, su manía de latir hacia el
cielo. la inmensa bóveda de soledad se abre en dos, en tres, no te vayas nunca,
me quedo contigo, la cama se hace dos veces ella, no te vayas nunca once veces
caminaré la misma vereda roja, roja de azúcar y distancia
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