No sé si diga que el poema existe en la línea de
sombra, en el rumor de límites que la imagen convoca y allí aguarda, incierto
todavía, una mano de nieve que acierte en su lectura, que descifre su voz, que
nos lo acerque y lo haga necesario, inútil como un dios, en la memoria.
Conforme a la costumbre
antigua de su oficio,
las palabras anuncian
el drama lentamente.
Ocupan los objetos
y enseguida los niegan.
Se dan al desamparo
de los nombres perdiendo
el tiempo si fabulan
historias que no existen.
No es casual que a veces
procuren el poema,
la vigilia, la muerte,
la idea de la rosa.
De: “Siquiera este refugio”
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