A Nina que tiene miedo
Los
crujidos nocturnos y un silencio
irreal: hojas, voces lejanas, un chapaleo
tal vez de grandes peces en el lago. También la luna
que pasa tiene su voz
lunar, de cabra amarilla. Y es tu turno,
esta vez, de velar
por mí, por mi respiración
que a cada rato se disipa en la oscuridad.
Pero no pienses en eso, si puedes,
no te preocupes de eso;
sé demasiado bien lo que es despertarse de noche,
aguzar el oído en vano, maldecir
la nada que te rodea,
una pared inerte.
De: “No la perla”
Versión
de Pablo Ingberg
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