sábado, 10 de junio de 2023




 

WALDINA MEJÍA

 


 

La muerte verdadera

 

Endurecí mis ojos para que ya no vieran 
más pobreza
acallé mis oídos para que ya no oyeran
más dolor
mutilé mi esperanza para que ya no hablara
más Justicia
emparedé mi alma para que ya no amara
la Verdad
y cuando así maté lo más hermoso
me hice duro caucho
que no sonrió, no amó, ni siquiera lloró
mi propia muerte
porque la merecía
para siempre. 

 

DIANA VALLEJO

 

  

 

Yo MaS a Yo MaS a


Y ando esas calles con la nube de cansancio en la boca
con los tropiezos en esas lunas profundas
repletas de hijos, dolores, protestas,
hoy más insondables…

Al paso
veo esas espinas de ramas fusil
poniendo rosas rojas al cuerpo vivo y total…

Así la piel de la ciudad se carboniza
en ese azar tóxico de farsas…
no hay más rozo cocodrilos, el pantano se secó…!

Y yo masa anónima,
deterioro mis suelas, mi peso, mi vida
para quitarme la paciencia y dejarlos atrás…

Te cuelgo mis mendrugos de oro
Mis abrigos de cartón periódico
Te dejo a los pies los sollozos funerarios
Los besos no depositados por falta de familia…

Les dejo mi cáscara aterida de invierno
Y empapada de lodo en ese edredón caliente
que abrigará tu no alma…

Y a tus hijos e hijas les devuelvo los juguetes de chapas
Las barbies sin ojos y esos amigos de patadas y puños
del fondo del vertedero.

Ya no quiero deambular
ni ser mercancía de tus hoteles
y boquitas de caviar…déjame en paz…

Y yo masa de país…
de mujeres, de viejos, de hijos y de ustedes malparidos
que soy completa e inconclusa
Te prohíbo la muerte
La idiota política
Y el desdén de tus ínfulas rateras.

Te dejo en ese techo frágil todos mis complejos
pero ya no quiero
tropezar con mi niña miserable y arropada de colitas y sin pan
o con mi niño saltando del asco a la cárcel
olvidando sus juegos y la risa.

Y arriba en mis yemas
Me voy colocando uno a uno
Los trofeos de tus dientes, que ya no me mastican.

Sacudo a mi alegría
de ese filo que adquirió tu culpa
del odio que abanderan sus nombres, sus entrañas vaciadas
esos desprecios frívolos
de sus no memorias…

Pero aquí estoy yo masa
Yo gente de las avenidas
Yo covacha y palo de limón
Yo en las calles
Yo en el fondo de las botellas
Yo en la escuela
Yo en la consciencia
Yo labriego
Yo la chusma curtida de labores
Yo la madre fuerte
Yo la tortilla caliente
Yo el enajenado
Yo masa pasión
Yo corazón común
Yo vida
Te leo la Historia que despega de esos carteles
y me cercioro de las planas
de encontrar que allí regando el campo y el polvo
corren los ríos de mi sangre
bajo el tiro de tus desalmadas gracias

Y reescribo los muertos con el no olvido
Con la caja de luces
Para espantarte sátrapa de mi casa.

Soy todos los nombres los apodos, los sin nacer
total de voluntad, de rebeldía
la voz interrumpida
pero no callada…

y les puedo asegurar
hoy se van…

 

AMALIA BAUTISTA

 

 

 

La torre

 

Hagamos una torre de minutos,
apilemos los ratos que hemos podido vernos,
hablarnos, sonreírnos, hacernos el amor, acariciarnos
hasta el fondo del alma.
Vamos a amontonar con cuidado infinito,
para que no se caigan,
esos segundos de alegría limpia
que nos dieron la paz y las lágrimas dulces.
Construyamos un frágil rascacielos
que centellee al sol y resista las lluvias.
La torre alcanzará las nubes.
Pero nunca alzaremos a su lado otra torre
con todos los minutos que no estuvimos juntos,
con los días perdidos más allá de los mares
y las noches pasadas abrazando otros cuerpos.
Sería insoportable contemplar esa torre.
Daría varias veces la vuelta al universo.

 

ANTONELLA ANEDDA

 


 

¿El miedo nos hace más fuertes?

 

Somos mortales mortalmente asustados
temblamos como zorros y perros
convirtiéndonos en la jauría de nosotros mismos.
Basta un sueño inoportuno
y la luz erosiona donde no hay refugio.
Nos desbandamos entre los objetos esperando que sean reales.
Cerramos los ojos con fuerza tratando de dormir en pleno día
diciendo: aquí, y pensando allá
ofreciendo sacrificios mientras movemos muebles
y cortamos con las tijeras los geranios.
De noche estiramos las mesas para los invitados
y desde la madera comenzamos a marchitarnos.
Colocamos con cuidado las servilletas y del lino se elevan demonios.
Girando la cabeza aquí, pensamos: allá
como de verdad sucede a cada persecución
Abrimos ventanas con la excusa del humo. El viento huele a basura
pero es una tregua. El mismo viento en su belleza es una ruina.
La sabiduría nos confunde como la cera.
Nos cuesta respirar
Permanecemos inmóviles
la sangre estalla entre la nuca y la espalda
nos volvemos serpientes
nos limpiamos entrelazándonos.

 

Versión de Beatriz Castellary y María Grazia Calandrone

 

 

MARÍA GRAZIA CALANDRONE

 

  

 

 

Última, la huella

 

Y viene el día en que él aparece
y no sabes cómo acariciarle el rostro
porque es carne de sueño.
Decía el mundo te transforma en una cosa muerta
decía esto de las cosas del mundo
decía túmbate
junto a mí en el surco de las excavadoras, ahora yo puedo
acariciarte el rostro
entre estos cardos sin peso más allá del primer meandro del torrente – ven
decía, tienes que hacerlo
ahora. Así él acogió a su madre en el cielo
la espinosa plumada
con un corazón de acacia
que lo mutaba en una cosa muerta. Él
no puede estar vivo y no puedes hacerlo
morir si no por este desgraciado amor, porque tú llevas
las consecuencias de lo que has empezado
donde el calor del cuerpo forma las bañeras de consuelo y en los trasvases
su vivir ha sido suscitado
transparente y múltiple como un cristal de sal: tú tienes que hacerlo
evaporar ahora
por una calle empinada entre los cedros
para que sea esa orilla invisible que has observado quemarse – flamma
nominis
– en la dulzura de la combustión
un día – alejarse
dejando la huella del costado en el fango
y la impronta del pie izquierdo
en la roca como última traza sobre la tierra de manera que justifique
mi sangre con el eco de una estrella muerta
un ardor de mono que el ojo no ve.

Vox Domini super aquas como una cosa flagelada y santa
sobre las cúpulas de oro de una ciudad a la espera donde resplandece
la luz del sábado
pero cisternas sepultadas como campanas y derivas de conchas funerarias o María
egipcia – flamma
nominis
 – o
criatura del aire
con espigas volcadas como lamas de protección del corazón
muéstrate sólo
iluminada por el sol
como por benevolencia, muéstrate como hierro sobre la piedra
y sepultada bajo los bloques de la basílica con agua
que se disuelve sobre las cúpulas para las artes estáticas mientras dejas
que a través de ti pase
la quimera de ojos transparentes que aquí llaman amor y
me anule, este dichoso nada.

 

Versión de Beatriz Castellary y Maria Grazia Calandrone

 

FRANCESCA RANDAZZO

 

  

 

Tierra que se mueve

 

Perezosa
     Tibia
     Húmeda
Fuego que late 
     En la lejanía de los tiempos
Tierra compacta que es
Nuevamente
     Espacio de siembra 
     Lugar de semilla
Imagen que centella
     Inquieta 
     Al borde de la Salvación 
Como un soplo
Enceguecedor 
     El tiempo de 
     Los dominadores
Relampaguea con su látigo 
     Hemos sido esperados 
     Hoy
     Día del Juicio Final
Código genético 
     De un tiempo mesiánico
Gruta llanura
Símbolo que llamarás
Para llenar la ausencia
Presente susurrando
Aún
No
Me
Has
Perdido
Barro
Savia animal
De la historia
     Cita permanente
Reclamada en su crónica
Curso marino 
     Golfo bahía
Corriente que rescatarás de la sombra
     Y subirá por tu cuerpo
     Y será entre nosotros
     Signo de miradas
     Lenguaje familiar
     Resistencia