Por
una grieta
me escribo
entre las
grietas, en los nudos
de la madera, en el
polvo bajo la alfombra:
la
oscuridad, que espera
para entrar, se cuaja
de ojeras.
•
como
en un papel
abarquillado
que se alisa
queda la
señal
grieta
a colorearnos
la tinta.
(nosotros
nos empapamos
de infinitas aristas)
•
se
me ve sólo
a contraluz,
materia como
clara de huevo,
pátina goteada
por la grieta:
un alfabeto braille
de huesos que quieren
salir.
•
y la
espalda se
agrieta, estuche
de semillas
que empujan,
que se abren en ramas,
matorral de dedos
que nunca llega a tocar,
que corta el aire con la uña.
Versión
de Beatriz Castellary y María Grazia Calandrone
Nota: La
grieta como condición “real” –el terremoto que ha golpeado la casa de Licini y
el más cercano en el tiempo de la permanencia en Las Marcas– y como condición “existencial”
de la artista, de fractura con lo real, de melancolía que oprime y desgasta.
Pero por la grieta se filtra la luz y si nos acercamos podemos ver lo que antes
estaba escondido. Objetos cotidianos, consumidos, casi agrietados por el uso y
por la memoria, empapados de historias que por fin han encontrado espacio y
voz.
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