Cinco
perros y una escopeta
Decidí
juntar mis cosas y trasladarme al suroeste
atravesando rutas desiertas
con parajes de gente amable,
hasta cierto punto.
Quizá de esa manera
lograría desconcertar a mis problemas,
extinguirlos por completo.
Llevé
algunos libros y mis mejores camisas.
Una vez instalado,
mantuve a raya los recuerdos.
Como los invasores necios,
quemé mi auto y mis documentos.
Me
hice de una vieja escopeta
y cinco perros fieles,
de mirada tranquila y opiniones sensatas.
Algunas
noches, antes de dormir
me gusta apagar el fuego y quedarme inmóvil
viendo como la niebla
se traga aquella vida.
Una que estuvo a punto
de ser la mía.
De:
“El desarmadero”
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