viernes, 9 de junio de 2023

ANTONELLA ANEDDA

 

 


 

Despiertos

 

A distancia y detrás está el sanatorio donde es ingresada a los
veinte años. Lleva siempre la misma chaqueta de lana de cuadros
rojiza y negra. La nieve azota la tumbona donde está
toda la mañana con una botella de agua caliente entre las
piernas. Tiene miedo. A escondidas se hace un huevo en la
sartén. Entre la puerta y el viento el gas cuaja la yema sobre
un fuego azul-cobre. Ella duerme con un gorrito de pelo y
el pecho cerrado mientras la calle cruje con el hielo. La noche
tiene mil astillas. Una por cada vial.

Sana. Nacemos. Somos pequeños.
Un día ella toma impulso hacia los muros.
Se hiere. Ha sanado pero está enferma.
Recoge las velas. Descose el dobladillo de todas las cortinas de casa,
las quita de los rieles.
Toda la habitación tintinea.
Dejo las ventanas desnudas, dice.
Abre los grifos.
Acumula las aguas como un Profeta.
Es la Reina de la Noche de larga voz, es Turandot
y nosotros le construimos una Ciudad Prohibida volcando las mesas y las sillas.
Se envuelve en las telas, se tumba en el suelo.
Es el Faraón que navega por el Nilo.

Espera que sea tarde. Es tarde, susurra.

(Ella es –y no es– mi madre)


I

Vuelve. Es polvo pero entra en la casa. Da sombra en la pared y en el cojín,
mueve las planchas se inclina con gas violeta. Siente la sustracción como en vida
el hielo. Calcula las pausas pero sabe que es inútil sumar números con vacío,
    vuelo de los
átomos a la lana y al pelo de los gatos en las alfombras.
Desnuda mira cómo se precipita
su memoria sobre la estufa.

 

II

Pone en fila los recuerdos, ellos gritan que no han existido nunca.
Pone en fila los nombres ellos repiquetean juntos como cucharas de madera.
Pone en fila los rostros y ellos en hilera se disgregan
confundiendo las uñas con sonidos.
Habla con el aire. “Tú no hieres”, dice,
pero el aire quema y siega, con hoz, el pasado.

 

Versión de Beatriz Castellary y María Grazia Calandrone

 

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