De
esas largas piernas de Zeng Jinlian hablaremos
en otra ocasión,
de esos labios tiernamente definidos en su curvatura hablaremos en otra
ocasión,
porque hoy nos llegan noticias desde Hunan:
Zeng Jinlian ha muerto.
Mas
nosotros aún vemos el claro manojo de sus cabellos,
aún podemos distinguir cada una de sus trenzas
que harían temblar hasta las comunes columnas del templo del emperador.
Nosotros aún vemos esas manos sostenerse en los hombros de sus padres.
De
ese rostro tantas veces avergonzado de Zeng Jinlian
aún vemos levantarse una alegre sonrisa,
diciéndonos que nada tiene sentido.
Y
esto contradice toda verdad,
por más poética que sea.
De: “Los
muchachos del Guinness Book”
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