Poema
para la Resistencia
El
niño que yo fui
no entró en El Capital
ni en calles del martirio
ni humedeció brillojos-de-tristeza.
Tuvo
su barco de papel
y alguna vez
dolió palabras
en su cuerpo.
El
otro niño —niño mismo—,
canciones y poemas tuvo.
Agua de lluvia que beber,
papá y mamá en la tempestad
brazos, caricias.
El
hombre viejo de hoy
indaga en el espejo, y ríe.
Termina
este poema
y tiende
un
mundo pleno de palabras
para
el niño que espera
el barco que le salve
del olvido.
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