Media hora en la peluqu
Fueron cayendo rizos,
recortes de cabello,
igual que cada mes
desde que puedo recordarlo.
Los vi sobre mis hombros
como cosas distintas,
cada uno evidente y separado
del resto de recortes.
Unos, castaños. Negros
casi todos. Blancos o grises
unos cuantos y todos
curvos, agudos, lastimados
por la navaja de la peluquera.
Si preguntara cómo
llegó a mis hombros todo ese cabello,
¿quién me respondería? ¿Quién,
entre las diosas y los ángeles,
las hadas y nereidas y vapores
del agua de Colonia,
las tijeras de acero de Damasco,
Rilke y Sansón el israelita,
sencillamente me diría
de dónde viene cada pelo,
de dónde cada palmo
de cuero cabelludo?
Cayeron, y caímos todos,
y todos otra vez nos preguntamos
cómo fuimos a dar
al suelo sin remedio,
igual que cada mes
desde que puede recordarse.
De: “Desviación vertical disociada”
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