El poeta ante la vana alquimia de la oración
A veces tiene uno que abandonar todo y desconfiar
ante los
vientos tempestuosos de Dios, ante el milagro mismo. Confiar
solo en los reflejos, el polvo y las pálidas constelaciones del desierto.
Arrojar incluso las perlas valiosas a los cerdos. Intercambiar la poesía
con el comercio.
Versión de Natalia Moreleón
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