lunes, 12 de junio de 2023


 

UMBERTO SABA

 


 

Noche de verano

Desde el cuarto contiguo llegan queridas
voces hasta la cama donde aguardo el sueño.
Tras la ventana abierta brilla una luz
lejana, sobre el cerro, no sé dónde.

Aquí te estrecho a mi corazón, amor mío,
muerto para mí desde hace tantos años.

 

Versión de Guillermo Fernández

 

STAMATIS POLENAKIS

 

  

 

El poeta desde el interior del espejo roto

  

En la imagen de esta bella mujer desconocida que solloza
y se desnuda sola sin enterarse jamás que dentro del espejo roto
hay dos ojos enamorados que la miran siempre, yo veo la imagen
del poeta solitario que vive noche y día con sus fantasmas. Al final
se apagarán todas las luces y dormiremos con la inmensa amargura de la poesía.

 

Versión de Natalia Moreleón

 

 

SARA BORJAS

 

  

 

Narciso se examina los pechos

 

Un hombre que me ama           se aparece
               si me toco          ante del espejo
                              y miro      sin vergüenza.

               Me alzo la playera; paseo mis manos      por unos raros arcos de color café,
                              juega en la arena un niño o cómo es que alguien
que me adora podría actuar el deseo.

               Sueño con que los dos lingotes de oro que se deslizaban
por mis pezones eran cetros.      Desentraña mi piel
                              un mito muerto,
tuerce mis manos aferradas a una hamaca para que se arrulle
               mi prehistoria. ¿Pueden los clásicos oír mi sexo

               con él por sobre la estridente rotación del mundo,
la tala del orgasmo que devasta la solidez del hueso? ¿Mis caderas
                              que se desarman como la pena íntima de Dios?

               Un espeso placer se adormece en mi cuerpo,
                              el cual puede borrar de mi mente recuerdos de cocina,
los hijos      de mis miedos,      los huesos      de mi cuerpo.
                              Yo me arrodillo contra mi reflejo y me alzo

               la playera como una reluciente bandera de oro.      Peino
                              la escena      para un hombre o      lo que sea
                                             eso que sobrevive. La muerte es una cara del amor.
                                                                   Son tantos      ojos negros     y brillantes los que miran de vuelta.

 

Versión de Hernán Bravo Varela

 

 

LUIS VICENTE DE AGUINAGA

 

  

 

Desviación vertical disociada

  

Soy bizco. Me divierte
saber que no soy bizco todo el tiempo.
Apenas cuando miro hacia la izquierda.

Un jarrón, por ejemplo, con agua y una rosa,
se ve, visto de golpe,
como la flor a la derecha
y el jarrón a la izquierda,
separados.

No he sido bizco siempre
ni, ahora que lo soy,
lo soy a todas horas.
Desde cuándo. Tal vez desde los nueve,
porque al cumplir los diez
me atreví a confesárselo a mi padre
y reaccionó como si fuera broma.
Lo bizco no se me notaba
y sólo yo sabía
que, al mirar a la izquierda, el ojo
derecho se perdía en divagaciones,
extraviado a la orilla de su órbita.

Preferí, con el tiempo, no ser visto
y ladear la cabeza,
primero imperceptiblemente
y después con trabajos que fueron delatándome.
Aunque me delataban sólo a medias.
De un ojo,
de un lado,
medio tiempo. Soy bizco. No soy bizco
todo el tiempo.

De: “Desviación vertical disociada”

 

 

VANIA VÁLKOVA

 

 


Los nuevos esclavos

 

Los nuevos esclavos son eternamente obedientes
Son recibidos amable y lenta-aburridamente, pero
Siempre con la manicura precisa y
con robots cargados y llenos de sonrisas.

Los nuevos esclavos son eficientes
Para calcular, decir, comprar
Para apartar rápidamente sus manos
si éstas son feas
Para esperar aunque lo que quieran sea
Disparar
Callar
Para mirar fijamente, sin arrugas,
Para sentirse satisfechos
cuando los engañan
Siempre se ríen, sin órdenes
Siempre están tristes, sin lágrimas
Siempre están desesperados, sin caerse
Siempre compran, sin billetes

Los nuevos esclavos lento o deprisa
vuelven a sus casas y

Gritan––––––-
Gritan––––––––––
Gritan–––––––––––––––-
Muy alto.

2017

De: “Urban Perfume”

Versión de Marco Vidal González




 

MANUEL PARRA AGUILAR

 

 


 

De Chen Guilan y Tangyong Li hemos hablado en más de una ocasión,
y sin embargo repetimos aquellas palabras con las mismas palabras;
con las mismas hojas con las que se forman los libros,
también hemos escrito este, no obstante el secreto masculino de los versos.

Por ello queremos repetirlo,
por si alguno de ustedes no estuvo presente,
y una vez más decir que entre una línea y otra,
el soleado pescuezo de la novia tenía ese tono de piel con el que conversan los enamorados;
es decir que tenía el color de una hoja de cuchillo partiendo en dos la carne.

Como si la retórica se detuviera.

Pero esto habrá que remediarlo todo de algún modo.

¿Basta decir que solo hay eso y nada más?
¿Acaso existe algo que podamos añadir?

En Foshan, después de la boda aún suena el coro de mujeres,
un coro maduro de tanto uso.
Por eso este libro habla tanto de la poesía como de esa fiesta de boda,
habla del futuro lleno de propósitos que pisan Chen Guilan y Tangyong Li.

Y así los días nos están mirando,
aunque el futuro pase de largo y se detenga en otro sitio lejano del nuestro.
Solo por ese durísimo detalle,
no repetiremos de nueva cuenta que ellos son personas muy bajas,
mejor diremos que el cielo les es muy alto.

Puedes llegar un poco tarde a la ceremonia,
puedes llegar un poco tarde si lo prefieres,
puedes llegar si así lo prefieres.


De: “Los muchachos del Guinness Book”