"Un poema si no es una pedrada -y en la sien- es un fiambre de palabras muertas" Ramón Irigoyen
martes, 13 de junio de 2023
VINCENZO CARDARELLI
Mañanas de octubre
Día tras día el sol
es cada vez más pálido.
Es una palidez que fatiga los nervios
y entristece al alma:
agonía de luz que se apaga,
sollozo que muere lentamente.
En estas mañanas de octubre,
ocioso en medio de la muchedumbre,
voy como una sombra
que podría caer sin ruido,
paladeando el sol del otoño
que es el solecito de la larga muerte.
Versión de Guillermo Fernández
STAMATIS POLENAKIS
El poeta ante la vana alquimia de la oración
A veces tiene uno que abandonar todo y desconfiar
ante los
vientos tempestuosos de Dios, ante el milagro mismo. Confiar
solo en los reflejos, el polvo y las pálidas constelaciones del desierto.
Arrojar incluso las perlas valiosas a los cerdos. Intercambiar la poesía
con el comercio.
Versión de Natalia Moreleón
SARA BORJAS
Veo a la hija de mi violador
Lo que recuerdo
es la forma en que él apagaba la luz.
Aun ahora, doy gracias
por no tener que verlo al irse.
No sé si la ternura
con la que veo a su hija,
a la que adoro, es una proyección
de mí: los flecos esponjados, los pasadores
púrpura con que mi madre decoraba
mi pelo largo —ellos me lucían a mí.
En falda tiesa de mezclilla, solo quería correr
como mi hermano con bermudas.
Yo me pregunto si esta niña encaja. Si puedo
amontonar su guardarropa dentro
de cuanto sé en materia de sistemas
y de la última vez que tuve ganas de estar cerca
de un hombre. Yo perdono
al vórtice rosado que amordaza mis muslos.
Le he dado un tratamiento de sentencia.
Ella sonríe a su padre, mi violador,
mi número primo en cuanto al sexo,
hombre que aún no la abandona
ni ha olvidado llevársela consigo.
Procuro no odiar a esa niña, aunque
su playera de Dora color rojo y el pliegue de los calcetines
me recuerda por qué me hallo aquí.
El dobladillo de su falda
y los dientes pequeños son el centro
de esta memoria:
en una cama individual
mis rodillas se parten
como grillos muertos,
mi grito es devorado
por mi lengua
puesta al servicio, un hombre
siempre adentro de mí.
Versión de Hernán Bravo Varela
LUIS VICENTE DE AGUINAGA
Media hora en la peluqu
Fueron cayendo rizos,
recortes de cabello,
igual que cada mes
desde que puedo recordarlo.
Los vi sobre mis hombros
como cosas distintas,
cada uno evidente y separado
del resto de recortes.
Unos, castaños. Negros
casi todos. Blancos o grises
unos cuantos y todos
curvos, agudos, lastimados
por la navaja de la peluquera.
Si preguntara cómo
llegó a mis hombros todo ese cabello,
¿quién me respondería? ¿Quién,
entre las diosas y los ángeles,
las hadas y nereidas y vapores
del agua de Colonia,
las tijeras de acero de Damasco,
Rilke y Sansón el israelita,
sencillamente me diría
de dónde viene cada pelo,
de dónde cada palmo
de cuero cabelludo?
Cayeron, y caímos todos,
y todos otra vez nos preguntamos
cómo fuimos a dar
al suelo sin remedio,
igual que cada mes
desde que puede recordarse.
De: “Desviación vertical disociada”
VANIA VÁLKOVA
Punto de intersección
El tiempo en el que
recorro y lanzo
la imposible realización
hacia
la Libertad de ser
es
el Tiempo en el que me separo
con peticiones en formas simples:
hacia arriba se vierten
hacia abajo se abren
En la otra parte
del semáforo
está
el campo blanco-negro
olvido
Un punto de intersección de la tristeza.
Julio,
2017
De: “Urban Perfume”
Versión de Marco Vidal González
MANUEL PARRA AGUILAR
Si tuviéramos que dejar nuestra casa,
nuestra mesa, nuestro plato, nuestra manta;
si tuviéramos que salir de nuestro barrio,
alejarnos de nuestra casa, ir lejos de nuestras calles;
si tuviéramos que dejar nuestra provincia,
los altos muros de nuestro país, nuestra suerte echada al olvido;
si tuviéramos que dejar nuestras amistades,
olvidarnos de los nombres de los objetos,
dejar atrás nuestras más tiernas posesiones,
si tuviéramos que renunciar a nuestro ajeno dolor una vez más,
juro que sería para caminar tomados de tu mano,
John Aasen, happy norwegian giant.
Porque nos gusta el aire de las alturas.
Porque nos gusta la fervorosa paz de las alturas.
Porque nos gustan esos aires de bohemia en las
alturas.
De: “Los
muchachos del Guinness Book”
