El
poeta en su lugar natal
Aquí
estamos de nuevo en tus calles petrosas
de humo y crueldad, nuestro no lugar,
no nombre, no memoria: recorremos
cada infamia de ti, y todo es como antes,
vidrio donde había roca, emblemas nuevos
y miserias
pero idéntica
la sombra que acomete. “Hola Alessandro”
le digo a uno que pasa y conozco;
pero yerro, se llama Maurizio;
y luego otro me para, me grita
que me vaya que es un pueblo de muertos.
Pero
aquí estaba el mundo, en una trastienda
o entre los callejones, el efluvio
de orina y de dinero, madera. En los andenes
colocábamos sueños y moneditas
de cobre para que el tren los aplastara.
De: “No la perla”
Versión
de Pablo Ingberg
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