Seis
de la mañana, ¿cómo está tu cabeza?
Cómo
ha estado todos estos años después de aquel café frío del Brecht?
Hace frío en Berlín?
Me acuesto esta mañana —intento cambiar mis hábitos— con una queja,
En el patio del frente hay un animal que se come las palomas del vecino.
M se fuma un cigarro mientras le escribe un poema a una mujer que ama, en ese
poema él es un niño y está en
el
invierno de Rusia, esa mujer es una princesa…
Yo no sé de la naturaleza de tal animal,
Pero te han culpado a ti de traerlo antes de tiempo,
Antes de que las palomas aniden en un nuevo amanecer.
Una vez regalé un zorrillo ruso plateado y alguien que me amó lo obligó a
comerse un mamey.
El zorrillo le mordió la mano derecha y corrió a pedirme consuelo.
Yo no podía ser princesa y madre al mismo tiempo,
Mucho menos cuidar la mordida fría.
Tú podías cargar con ese animal cuanto pudieras, cuanto tiempo quisieras,
La fiera podría ser libre,
Yo podría ser libre,
Tú podrías ser libre.
La fiera se come todo lo que ve a su paso,
Cómo le digo yo que no se alimente de aquello que no le pertenece?
Hay cipreses allí?
Aquí las ceibas han perdido las hojas
Se pierde casi todo,
El día, la ciudad, la paciencia, la memoria.
Temo que un día de estos se pierda ese animal insolente y caiga de bruces en
medio de la avenida del puerto
como
un cóctel molotov y se incendie las patas y chille.
Te has imaginado a una fiera chillar de dolor?
Así era yo la noche pasada,
La bestia chillaba bajito
Sobre unos mosaicos lapislázulis de una fuente vacía.
Me duele la boca del estómago, es que me duele de verdad por el café
De aguantar las cortaduras en tu mesa de calados,
Te recomiendo que guardes los recortes de los papeles que botas
Para dibujarle a M el zorrillo plateado que perdió.
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