Migraturi/Migraturas
Tenían
esa mirada
que adivina el tiempo
esas manos callosas
torpes al abrazar
y que nada hería
de tanto sufrir.
Tenían
ese gesto
colmado de decir
y lleno de silencio
por creer que el mar
ya tan sólo oye
esa palabra muda.
Márchense
hijos…
Aquí se nos cuajan el sol y la sal
Con esa miseria en salmuera
un futuro tenéis por aclarar.
Ustedes
se han ido
todos.
Una mañana
sin tan siquiera una guerra
de pronto un viento les aspiró
¡Sírvenos!
mis redes
sólo tienen recuerdos de arena
¡Sírvenos otra vez!
mis riñones
sólo tienen recuerdos de redes.
¡Pescado
fresco!
Aunque
vuelvo a arreglar
mi pelo en desorden
jurando contra el viento,
Aunque
sigo derecha
orgullosa e impávida
detrás de mi delantal,
Aunque
canto en francés
y fumo cigarros americanos
delante de mi balanza,
apesto
al pescado
de mi marido.
¡pescado
fresco!
De
una ventana a otra,
las pescaderas
se lanzan el hilo
de sus clamores.
Después,
tienden,
una a una,
la ropa sucia,
de sus chismes.
No
está aturdida
no baja la cabeza soñolienta
no hay ni gritos ni arañazos
que desgarran la realidad voraz
como el mar.
Con
las manos juntas
alzada la mirada
desde el hondo canto
dejando llorar
sólo una sonrisa
la viuda consiente
¡Mira!
El Santa Lucía entra al puerto
¿no habrá nadie
para alargarle una soga?
como un abrazo de la tierra
Aguja
en mano,
red tensada,
entre pies y manos,
de la mañana a la noche,
malla tras malla,
y una vieja canción en boca,
remendabais el invierno.
La
salpicadura de la ola
por tu rostro
es la maraña de tu llanto.
Versión
del corso por François Michel Durazzo
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