El
pájaro
Esta
mañana mi perro me despertó con un pájaro muerto en el hocico.
Lo trajo a mi cama y se sentó.
Nos miramos largo rato.
Tomé el ave entre mis manos
intenté cerrar sus ojos sin resultado.
Su mirada atravesaba la ventana, donde el arbusto reverdecía.
Han
pasado dos semanas y su cuerpo sigue endureciéndose
en un rincón de la casa.
¿Es
mi hermano el cadáver del pájaro que no puedo enterrar?
Puliré
este dolor hasta volverlo transparente.
Lo convertiré en una joya que cuelgue de mi cuello.
De: “Hermano”.
No hay comentarios:
Publicar un comentario