Balada
de un hombre a lo lejos
Algunos
nacen con la gracia
de los suicidas: ni el más experto
equilibrista de la muerte
evitaría el hambriento abismo
del
amor.
Aunque
lográramos saber
ciertas cosas
importantes, algo
que valiera en las manos
de
los que esperan;
algo
—dardo de fuego—
con certeza divina.
Las cosas
que el ojo conserva
suelen ser más
dolorosas
con el tiempo.
Nadie
es tanto amor.
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