la
prisa
siempre
llego tarde.
siempre llego tarde al reloj,
al beso consentido, al semáforo
y a los cambios de estaciones.
llego tarde a la prisa
que se me enreda entre mis pasos
y se atrasa por mi culpa.
llego
tarde a mi caminar nervioso por las aceras
que busca no ser interrumpido
por algún acercamiento indeseado
o por un punto final.
siempre
llego tarde
pero, por el momento, siempre he llegado
a cerrar la puerta, a suspirar nerviosa,
aliviada
y con el deseo de siempre llegar a salvo,
a todos
y a mí.
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