miércoles, 28 de junio de 2023

CECILIA PONTORNO

 


 

5

 

Creí ver los días que quedaron del invierno
con los cabellos blancos
llenos de miseria, desnudos
en sus horas hostiles.

Creí estar en la antesala del infierno.

Creí en el infierno, creí
en el hombre salido del infierno.

Miré las fotos ausentes en las paredes
pretendiendo ser memoria,
soporté el vacío
porque no fui la única.

Cuando uno cruza los umbrales
cualquier umbral
se coagula con otros
y el humo del cigarrillo entra por cada agujero de humanidad.

Dejé de creer en el abandono del mundo.

Y si tuve suerte
fue por leer la propia muerte en mis manos
abrazada, sin embargo, a una sonrisa
y a estas páginas
que no olvidaron lo que guardan en su tristeza

el olor a hogar, a incienso,
el poema

así conservo la misericordia
y saco el pesado manto negro que cubre mi espalda
y me veo recién nacida, desnuda, sin carne ni pieles
con dos huecos por ojos
con el rostro abandonado por dios
solo hueso y un aliento frío.

Hay un reflejo invertido
un espejo para entender el mundo

un oficio verdadero
revelado.
 
 

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