martes, 27 de junio de 2023

VALERIA MUSSIO

 

 

 

ritos funerarios

 

no entiendo por qué las abejas deciden
morir en casa, por qué una vez que entran
por la ventana ya no pueden
salir, cómo es que se marean
tanto que confunden este vidrio
esmerilado y difuso con la claridad
del aire que las llevó
hasta esta altura insólita.
me decís que si las abejas caen
al suelo y no remontan
vuelo es porque tienen sed, y yo
ajena a los comportamientos animales
les acerco agua en la tapita de una botella
que ignoran completamente mientras agonizan
justo al lado de las flores que podrían
comer. pienso: cada edificio que construimos
le quita a alguien una montaña,
y algunas montañas que conocemos
simplemente como cúmulos de tierra
y rocas accidentalmente altas son
en realidad
cementerios antiguos.
como ese cerro triangular en el medio
de comodoro rivadavia, ese que de noche
se desprende de a poco en las tormentas
de viento más violentas que pasé
en mi vida. este edificio es un cementerio
de abejas, específicamente, mi casa.
dejo los cadáveres algunos días
en el piso respetando el tiempo
prudente que un alma requiere
para abandonar la materia, o más bien
últimamente estoy triste y me cuesta
limpiar. la casa es vieja y aunque intento
luchar contra el decaimiento
de los materiales me supera
el hecho de que, eventualmente,
todas las cosas se desvanecen; así
asistimos a la destrucción lenta
de lo conocido: yo refrescándome
con la losa, a mi alrededor
cadáveres de insectos, mi perro
lamiéndome los pies, por la ventana
entra el sonido del tren que llega
y otra abeja se mete para morir;
yo simplemente espero.

 

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