El Juicio
Y
mirá,
al final,
no queda otra que entregarse.
Un
hombre sale en el tren
a buscar trabajo con una camisa a rayas
agujereada.
Dos tipos juntan resuello
para entrar por la ventana
de una casa maltrecha de City Bell.
Uno anda en moto con el celular en la mano,
otro junta unos pocos pesos con las medias
que acaba de vender.
Nadie mira para adelante.
Entregarse
es entonces
extender los brazos
entrelazar las manos
doblar el cogote para arriba
esperar que el golpe no acierte
mirar para abajo
agarrar un pañuelo
y encomendarse
a que todavía quede una palabra amable.
Y si
no viene
(si
no llega a venir)
diremos
que no merecíamos
volveremos a nuestras casas
pondremos el agua a hervir
y pensaremos
si todavía nosotros
tenemos una palabra amable para el mundo.
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