Preludio
En
la vega las sombras se agigantan,
el sol al tramontar, el hueco río
va murmurando en el boscaje umbrío,
los glaucos sauces en sus frondas cantan.
De
Vésper rubescente se adelantan
los resplandores, gime el viento frío,
de cada hogar, lejano ya y sombrío,
nébulas de humo azules se levantan.
Vamos
al bosque: la penumbra verde
la paz infunde y el amor destila
y su contacto al dolorido sana.
Allí
el recuerdo del dolor se pierde
y una fuente de luz, casta y tranquila,
del alma dentro, deleitosa mana.
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