Oración
En
la mesa, agradezco en silencio a quienes no tuvieron voz: a ellos en sus
jaulas, a ellos en su martirio, a ellos paralizados, a ellos quienes nacieron
sin pulgares para huir del cerco. Yo mastiqué sus retazos y se los di al perro
por chiclosos. “Amén”, dicen los padres de mis amigos al terminar la oración.
Yo asiento y sonrío. Son buenas personas.
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