viernes, 4 de septiembre de 2026

ALKAÍD MARINO

 

 

 

Concilio del insomnio (o los ojos abiertos que son mi padre enfermo)

 

Déjame descansar de ti. Déjame cerrar los ojos
del corazón.   

Cuando el abuelo y las tías te despreciaron, 
no hice nada por defenderte.
Consentí todos los rencores de mamá:
así la consolé
cuando te alejaste. Con mis hermanos
jugué a los resentidos.

Nunca quise hacerte daño.
Tú encendiste la luz cuando los monstruos
acechaban; tú sujetaste la bicicleta
para que no hubiera heridas.
Yo no sé cómo protegerte de todas las cosas
que te angustian.

Es cierto.
Tú ya no puedes ser aquel hombre   
que daría todo por su familia.   
Nosotros ya no somos aquellos niños  
que jugaban a tu alrededor.  

Esta enfermedad nos hace escuchar la voz de la muerte.     
Ya no queremos esperar por más doctores,
descifrar nombres de medicamentos,
adivinar direcciones de hospitales.
El silencio pesimista de los consultorios
nos divide.

Me da tristeza pensar que terminarás tus días
complaciendo a personas
que ya no te aman:
no dejes que las mentiras afilen sus uñas
en tus huesos;
no dejes que los fracasos reiteren su golpe
en tu mente.

¿La soledad es un espejo
con el que podemos perdonar
nuestras culpas?

Tu más grande sueño es recuperar el amor
de los que te olvidan.
Yo sé muy bien por qué a ellos no les gusta 
soñar contigo;
sueñan que los necesitas.

 
 

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