8
Dijiste
“la ciudad es una tumba”
y escuché la oración de los muertos.
“La
ciudad me aleja de la gente”,
dijiste
y di por sentado
que escucharía el eco de tus pasos, inexorablemente, alejándose.
Esto
no ocurrió.
En
su lugar,
cayó copiosa la lluvia de verano
como algo o alguien queriendo tapar el silencio y las ausencias
con más silencio y más ausencias.
Las
ciudades se parecen a tus ojos
o tus ojos, fijos como ciudades infinitas
saben hablarme de la fe
cuando todo se vuelve advertencia o condición de azar.
Dijiste
“llueve”
y nada pasó
excepto
las dudas
que dejaron las palabras
y las migas de pan sobre la cama.
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